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Derechos y Responsabilidades

         A consecuencia del movimiento autodenominado “Boicot La Comay”, se ha hablado mucho sobre derechos. Personas que apoyan al Señor Kobbo Santarrosa, creador del personaje “La Comay”, siguen diciendo que éste tiene todo el derecho de decir cualquier cosa que quiera en su programa televisivo porque existe el derecho a la libre expresión. En efecto, tanto la Constitución del Estado Libre Asociado como la Constitución de la República de los Estados Unidos de América nos ofrecen el derecho de la libre expresión. Ambas Constituciones – las cuales rigen en Puerto Rico – nos ofrecen el derecho a la libre asociación, a la libertad religiosa y a la libertad de prensa entre otros. La Constitución de los Estados Unidos también nos ofrece el derecho a portar armas, uno de los derechos que la Constitución estadounidense otorga pero que no se encuentra en la Constitución del Estado Libre Asociado. Puntualizo estos derechos porque son los que más se invocan en el discurso público, pero las “Cartas de Derechos” tanto estadounidense como puertorriqueña contienen muchos otros derechos que en ocasiones desconocemos.

            Ahora, vayamos al grano. En días recientes, luego de haber publicado una carta que envié al Sr. Jorge Ramos, presidente de WAPA Televisión, muchas personas comentaron sobre la misma en mi bitácora virtual. La mayoría de los comentarios fueron muy positivos, lo que agradezco mucho. Pero hubo varios que no fueron tan positivos. A pesar de esto, aquellos comentarios que no fueron positivos – de los pocos que he leído, porque si algo he aprendido en mis años como columnista es que nunca debemos leer los comentarios – fueron cordiales y nunca acusativos o de mal gusto. Por esto también les agradezco a mis lectores y lectoras.

            En fin, que uno de los comentarios que más ha sonado es el decir que el Sr. Santarrosa tiene el derecho de expresar su opinión. Esto es, que el Sr. Santarrosa tiene el derecho de decir lo que quiera con respecto a la muerte de José Enrique Gómez aun sin evidencia de lo que ha dicho. Después de todo, sigue el argumento, el programa televisivo del Sr. Santarrosa gira en torno a chismes y rumores. Una vez que el Sr. Santarrosa dice su ya tan conocida frase de “alegada y aparentemente” todo queda cubierto bajo el manto sagrado del derecho constitucional a la libre expresión. Quienes alegan esto se equivocan.

            Cierto es que toda persona tiene – tenemos – el derecho a la libre expresión. Pero, como indiqué antes, hay otros derechos en nuestras Constituciones que poco leemos y mucho menos conocemos. El Artículo II, sección 8 de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico lee así: “Toda persona tiene derecho a protección de ley contra ataques abusivos a su honra, a su reputación y a su vida privada o familiar.” Este derecho no me lo inventé yo; lo escribieron aquellas personas que trabajaron en nuestra Constitución y lo ratificamos el pueblo con nuestro voto y luego fue ratificado por el Congreso y el Presidente de los Estados Unidos. (Y que me disculpen si traigo a colación el hecho de que nuestras leyes y derechos están bajo el manto de las leyes y derechos estadounidenses, pero esta es la realidad política actual de la Isla, sea que la apoyemos o no).

            ¿Qué relevancia tiene esto para el caso reciente en el que el Sr. Santarrosa ha promulgado rumores y chismes sobre el Sr. Gómez aun después de su muerte? Pues que todo derecho constitucional lleva consigo una responsabilidad ciudadana. O sea, tus derechos comienzan donde terminan los míos.

            Tomemos por ejemplo el derecho a portar armas, que está expuesto en la segunda enmienda a la Constitución estadounidense: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado Libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas.” Las cortes han determinado que esta enmienda implica que toda persona tiene derecho a portar armas (independientemente de si es parte de una milicia estatal o federal, como original y claramente dice el texto. Pero esto sería tema para otro ensayo.) Este derecho a portar armas va de la mano con otro derecho que si bien no está implícito en la Constitución, sí es parte de la Declaración de Independencia: el derecho a la vida. Dice así el texto de la Declaración: “Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados…” O sea, que aunque tenemos el derecho de portar armas, no tenemos el derecho de quitarle la vida a cualquiera que se nos pare en el camino.

            Cada derecho tiene una responsabilidad atada a él. Por lo general estas responsabilidades están plasmadas en los códigos legales. Tomando como ejemplo el derecho a portar armas; tenemos derecho a portar armas, pero las podemos usar solamente bajo ciertas circunstancias ya delineadas por las leyes so pena de ser acusados o acusadas de un delito.

            Regresando al caso del supuesto derecho del Sr. Santarrosa de expresarse libremente; queda claro que este señor no ha utilizado su derecho responsablemente, no solamente en este caso sino en cada programa que ha salido al aire. Su coanimador, el Sr. Héctor Travieso, recientemente hizo exclamaciones públicas al respecto. Dice el Sr. Travieso que ellos dos tienen el derecho a expresarse, que quién no le guste es nuestro problema y que seguirán diciendo las mentiras que quieran y de quien quieran aunque no queramos oírlas porque “la verdad duele”. Hasta cierto punto, podríamos excusar al Sr. Travieso, ya que sabemos que su familia vivió bajo la dictadura de Batista y luego escapó la dictadura de Castro para establecerse en territorio estadounidense. Claro, el Sr. Travieso, en su afán de tener libertades que sus antepasados no tuvieron, confunde “libertad” con “libertinaje” e ignora el que los derechos vienen con responsabilidades.

            Cuando, en mi afán por elevar el discurso, señalé a un comentarista de mi columna anterior, que sería mejor que buscara un poco de lo que significa “el contrato social” y que tomara tiempo para leer los trabajos de filósofos sociales y políticos como John Locke, la respuesta que recibí me impresionó. Dijo otra comentarista que le falté el respeto al primero por haberle llamado “ignorante”. Leí y releí mi contestación a ver dónde le pude haber faltado el respeto a la persona que comentó cuando le invito a sostener sus comentarios con argumentos sustanciales y no encontré nada. Solo encontré que en el tiempo moderno es ahora un delito – sino jurídico aparentemente social – el invitar a otras personas a educarse en los temas que nos afectan como sociedad. Otra vez, se trajo a colación el derecho inalienable a la libre expresión, pero en ningún lado se mencionó la responsabilidad inexcusable que tenemos para ejercer dichos derechos.

            Si, el Sr. Santarrosa y el Sr. Travieso tienen derecho a la libre expresión. Es por esto que el pueblo les ha llamado, muy públicamente, a ejercer este derecho con responsabilidad. Hasta ahora, el pueblo le había dejado pasar – no sin alguna crítica – sus comentarios racistas, homofóbicos, sexistas, xenofóbicos y demás. No nos afectaba tanto porque estos comentarios por lo general iban dirigidos hacia personas públicas – políticos, artistas, escritoras, activistas, etcétera. Pero llegó el momento donde nos dimos cuenta que el Sr. Santarrosa no tiene escrúpulos y que no tiene clara la línea entre derechos y responsabilidades; fue cuando el Sr. Santarrosa comenzó ha promulgar chismes sobre un individuo privado, con una familia privada, con una vida privada. Fue en este momento cuando el pueblo nos dimos cuenta de que el Sr. Santarrosa no respeta ni ha respetado nuestra individualidad. Fue cuando el pueblo nos dimos cuenta de que el Sr. Santarrosa no tiene claro el que sus derechos vienen con responsabilidades, y que estas responsabilidades existen para protegernos a todos y todas, y que él no está por encima de las demás personas a quienes las Constituciones cobijan. Sus derechos y sus responsabilidades no son ni más ni menos que las mías.

            Como puertorriqueño, sólo espero que sigamos nuestra lucha para acabar con la ola de violencia y odio que arropa nuestra Isla. Espero que cada puertorriqueño y cada puertorriqueña podamos entender que mis derechos comienzan donde terminan los derechos de mis vecinos y vecinas. ¡Que viva la libertad responsable! ¡Que viva la vida! ¡Que viva la PAZ! 

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Carta Abierta al Sr. Jorge Ramos, Gerente General de WAPA TV en Puerto Rico

Sr. Ramos,

Leí con incredulidad sus comentarios sobre la reacción de nuestro pueblo a las expresiones del titiritero Kobbo Santarrosa y las compañías que se anuncian durante su programa. Como puertorriqueño responsable, que cree que un país de paz es posible y que sabe que el Sr. Santarrosa es portavoz de la ola de violencia y discriminación que arropa nuestro país, quería dejarle saber que SI, nuestra reacción es emocional. Aquí le dejo saber porqué:

– Es emocional porque somos seres humanos; porque el dolor de nuestros vecinos es nuestro propio dolor, y ver a un titiritero sin escrúpulos burlarse y cuestionar la humanidad de un compatriota – sea profesional o no, sea hombre o mujer, sea famoso o desconocido, sea heterosexual o no – nos llena de rabia y de dolor. 

– Es emocional porque ya estamos cansados de que usted, WAPA TV, la producción de “Super Xclusivo” y otros programas similares destruyan la moralidad de nuestra gente, de nuestra niñez y de nuestra sociedad en general. Cualquier persona con un corazón y con sentimientos ha de reaccionar. 

– Es emocional porque, así como los comerciantes apelan a nuestros sentimientos para que compremos sus productos, es nuestra responsabilidad el usar estos sentimientos para reaccionar a su inhumanidad al apoyar programas, televisoras y pseudo-artistas que se mofan de nuestra humanidad. 

– Es emocional porque ninguna revolución se ha combatido sólo con la razón. Es más, han sido muchos los sectores de la sociedad puertorriqueña – desde políticos hasta líderes de las comunidades LGBT, de las comundiades inmigrantes, mujeres, religiosos y otros – que han tratado de razonar con usted y con el Sr. Santarrosa a no aval. Ni usted en calidad de ejecutivo ni el Sr. Santarrosa han sido capaces de entender el daño que la muñeca hace a nuestras comunidades. 

Si, Sr. Ramos, nuestra reacción es emocional porque ya estamos cansados de su televisora y de la cobardía de un hombre que se esconde detrás de las faldas de una muñeca para promover odio y violencia. Sí, Sr. Ramos, nuestra reacción es emocional porque somos un pueblo que, a diferencia de la muñeca, tiene corazón; y estamos usando nuestro corazón, nuestras palabras, nuestras acciones y – lo que más le interesa a usted, nuestro dinero, para parar esta ola de violencia y odio que su televisora, usted y el Sr. Santarrosa siguen promoviendo. 

Queda de usted,

Rev. J. Manny Santiago

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