Monthly Archives: May 2013

Family Matters

On Saturday was my wedding. As the minister was preaching, our two-years old nephew danced in front of us, and then approached my husband to sit on his lap. I looked at the first row of chairs in the sanctuary, where my husband’s family was sitting, and noticed that our six-years old niece wanted to move and join us to. I did what I thought was appropriate: I signaled her to come forward and sit with us. 

There we were; my husband holding our nephew on his lap, and me holding our niece on my lap. Then I looked around and saw my new family. There was my brother-in-law and his (female) partner, my husband’s cousin and his girlfriend, and a couple of friends who have been like brothers to either my husband or me. There was not a single one of my blood relatives. None could be there for different reasons and my parents and sister have already decided I am not part of their lives. But as I was looking around at my new family, I realized how “family” is such a wonderfully diverse reality. 

ImagePeople talk about “traditional families” as if there was always such thing. In reality, families have always been diverse. There is no such thing as a “traditional” family. There is ideal of family. Our families come in many forms and expressions. I looked around and saw how my family present there was the “new normal” if you will. My brother-in-law and his partner have been together for many years but are yet to get married. He is raising her eldest daughter, who spends time with her birth dad and his family every other weekend. Our nephew was born two years ago, the product of the love of my brother-in-law and his female partner. Then, there was my husband’s cousin, who is dating a lovely, young, white American woman who speaks no Spanish (believe me, that in itself is a HUGE thing!) They were attending the wedding of two men who had decided to commit to each other and to love each other.

Believe it or not, this is more common than people want to admit. Families come in so many varieties and forms! It is such a wonderful thing to see the diversity that exists in life, and to enjoy this diversity with all of its wonders and beauty. Family is family is family… no matter what form it takes… 

Leave a comment

Filed under Uncategorized

Today Is My Wedding Day

Today is my wedding day. Growing up, I never thought this would be something I would say. Back when I was a teenager and realized I was attracted to other boys, the dream of a wedding was not something I had. But after a long journey, today this is a reality. I can get married. The minister can pronounce us “legally married.” I can say to the world that I have a husband and I will proudly wear my wedding ring. 

Unfortunately, marriage equality is not universal throughout the United States, which means that, once I cross the eastern or southern border of my state of Washington, my marriage is not recognized. This is why I will continue to work for marriage equality, because I want other gay and lesbian couples in the country to have the same rights that my soon-to-be-husband and me have. I want to make sure that other couples in the United States have the right to stand in front of their family and friends and show their love through the bonds of marriage. I want other gay and lesbian couples to feel the excitement of waking up one morning and say… “TODAY IS MY WEDDING DAY!” 

Leave a comment

Filed under Uncategorized

Equidad… para TOD@S en Puerto RIco

Equidad... para TOD@S en Puerto RIco

EQUIDAD… IGUALDAD… DERECHOS…

Leave a comment

May 16, 2013 · 9:51 am

La conversación más difícil que he tenido

Bueno, comencemos por decir que en realidad, no ha sido la conversación más difícil de mi vida. Pero fue bastante difícil. Les cuento la historia…

He pasado muchos años haciendo activismo. En mis años de activismo, desde que estaba en la universidad hasta el día de hoy, me he reunido con presidentes de instituciones, miembros de la legislatura, miembros de la prensa, líderes religiosos tanto a niveles locales como internacionales y hace no mucho tuve la oportunidad de hasta sentarme a convencer al gobernador de mi estado de que tenía que hacer algo por las comunidades hispanas de Washington. A pesar de estas experiencias, no me sentía en lo mínimo preparado para la conversación que tuvo lugar hace unas semanas atrás.

En estos pasados meses, mi compañero y yo hemos estado planeando nuestra boda. Como esto es algo nuevo para su sobrina de seis años yo me ofrecí a explicarle a ésta todo el asunto de que su amado tío Nando (como su familia le llama) y yo nos uniríamos en matrimonio.

Pasé semanas revisando la conversación en mi mente. Traté de visualizar todos los posibles escenarios. Busqué en mi mente las mejores palabras para explicarle a Emely lo que significa el matrimonio y por qué su tío y yo tendríamos una boda. Bueno, que por semanas estuve planeando para una conversación que me parecía medio sencilla – por aquello de mis años en el activismo – y natural. Después de todo, es nuestra sobrina de seis años que mide menos de tres pies de altura y no el Gobernador Inslee que mide más de seis…  ¿Qué podría salir mal?

Pues cuando el momento llegó todo resultó más difícil de lo que pensé. Emely nos quiso enseñar el nuevo vestido verde menta que su mamá le compró. También sacó los zapatos plateados que se pondría con el vestido. Pero había un problema, Emely no sabía para qué ocasión especial era ese vestido nuevo. Sabiendo que esta era nuestra oportunidad, su mamá le dice que me pregunte a mí.

Con todas las bases cubiertas, le digo a Emely que el vestido es para una ocasión especial. Ella se interesa y pregunta qué ocasión tan especial es esa. Yo le pregunto, “Emely, cuando dos personas se quieren mucho, ¿qué hacen?” Su repuesta, después de pensarlo un poco, es, “¡Se casan!” “Así es. Pues tu tío y yo nos queremos mucho. Como nos queremos mucho, vamos a tener una boda.”

Hasta ahora, todo va como planeado. La nena me sigue la conversación. Hay un momento de explicar que existen diferentes tipos de familia. Ella reacciona como lo más normal del mundo, porque, después de todo, ella también tiene un hermanito, una mamá y un papá con quienes vive y un papá, una mamá y un segundo hermanito con quienes pasa los fines de semana. El concepto de “familia no tradicional” es… pues lo tradicional para ella. Así como lo es para millones de niños y niñas en los Estados Unidos. “Bien hecho, tío” pensé yo.

Pero de repente la conversación se tornó difícil. Comenzaron a salir las preguntas que no esperaba. Emergieron aquellas curiosidades infantiles para las que nunca me prepararon los años de activismo. Resurgieron todos los temores que pueden surgir cuando le tratas de explicar a una niña de seis años que su tío, un hombre, se va a casar con otro hombre. Y aquí fue que me encontré en la disyuntiva de si seguía la conversación o si me levantaba y salía corriendo de allí porque no tenía la más mínima idea de cómo contestarle a nuestra sobrina sobre sus preocupaciones más grandes e importantes sobre la boda de su tío conmigo.

Mi mente quedó en blanco. Mi corazón palpitó más rápido. Mis manos me sudaban y las palabras no me llegaban a la boca. ¿Cómo contestarle a Emely estas preguntas tan profundas e importantes que nunca pensé que fueran las prioridades de una niña de seis años?

Resulta que, en medio de nuestra conversación, a Emely no le pareció nada extraño que dos hombres se fueran a casar. Pero cuando le expliqué que su tío y yo tendríamos una boda y que sería en una iglesia, con una sacerdote mujer y que tendríamos una fiesta con pastel/bizcocho (mi compañero es mexicano, así que hay que explicar las cosas en español MexiRiqueño), Emely puso sobre la mesa sus preocupaciones más grandes… “¿Habrá ice-cream?”

Totalmente desconcertado. Así me dejó su pregunta. ¿Habrá helado/nieve en la boda? Le di la única respuesta que tenía. Con una voz trémula porque no sabía cómo contestar tan profunda pregunta, le dije, “No. No habrá helado en la boda.”

De toda la conversación, de todo lo que le podríamos explicar sobre que dos personas del mismo sexo se vayan a casar, de todo lo que había ensayado en mi mente, nada me preparó para contestar esta pregunta. Pero las cosas no se quedaron allí. Todavía quedaba una pregunta aún más importante… “Tío, ¿y va a haber una piñata?”

Me quedé tieso. Ninguno de los tres adultos en la sala supo qué decir. Lo único que se nos ocurrió fue decirle que, por tradición, no hay piñatas en las bodas. Que las piñatas son para los cumpleaños y para otras fiestas, pero no para bodas

Emely no estuvo satisfecha. “¿Por qué no va a haber piñata en la fiesta cuando tío Nando y tú se casen? ¡Es una fiesta! ¡Yo quiere ice-cream y una piñata en su boda!”

Mientras yo todavía turbado por una conversación tan difícil, la niña no se detuvo en su afán de entender el extraño mundo de la gente adulta, donde las fiestas se celebran sin helado/nieve y sin piñata. “¿Cuándo es la boda?”, preguntó ella. “Pues al fin de mes.” “¡Pero yo quiero que tengan la boda ya y que haya ice-cream y piñata!

¡Qué trabajo tan difícil! Explicarle a una niña lo que es el amor y lo que es la igualdad matrimonial resultó mucho más difícil de lo que preveía. Quizás por esto es que aquellas personas que se oponen a la igualdad matrimonial no quieren que tengamos derechos. Es muy difícil explicarle a un niño o a una niña que en la fiesta de bodas de sus dos tíos hombres o sus dos tías mujeres, no habrá piñata ni helado. Quizás lo que temen los fundamentalistas religiosos es que no tienen la capacidad intelectual para explicarle a la niñez que cuando los adultos hacen fiestas, el helado y las piñatas no son prioridad.

No sé, quizás las personas que se oponen a la igualdad matrimonial por razones religiosas no tienen las palabras para explicar el extraño mundo de los adultos a la niñez. Les entiendo. La niñez entiende el concepto de amor muy fácil. Pero es extremadamente difícil explicarle las fiestas de adultos a la niñez. Son fiestas donde no hay helado ni piñatas. ¿De qué vale una fiesta de este tipo? ¿Qué más da si las dos personas que se paran frente al ministro o la ministra son dos hombres, dos mujeres, o un hombre y una mujer, si cuando ese amor se celebre no va a haber helado ni piñata?

Ya mi compañero y yo hemos hablado. Vamos a tener helado en la boda. Todavía no estamos convencidos de que haya piñata. Pero, ¿quién sabe? La sacerdote mujer que nos va a casar ya parece estar convencida de que es necesario que haya piñata en la boda para que la niña sea aún más feliz. Yo espero que ella la traiga en una de sus maletas cuando venga…

Emely tiene dos tíos que la adoran, que la respetan, que le ayudan con sus asignaciones de la escuela y que toman el tiempo para jugar con ella y enseñarle muchas cosas. Eso ella lo sabe. Ya la veo dando vueltas en la iglesia, con su vestido verde menta, comiendo helado/nieve y dispuesta a romper la piñata que marcará el día que sus tíos se juraron amor para siempre.

Leave a comment

Filed under amor, boda, Dios, Español, familia, Gay, iglesia, Latino, LGBTQ, matrimonio, niña, niñez, niño