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La conversación más difícil que he tenido

Bueno, comencemos por decir que en realidad, no ha sido la conversación más difícil de mi vida. Pero fue bastante difícil. Les cuento la historia…

He pasado muchos años haciendo activismo. En mis años de activismo, desde que estaba en la universidad hasta el día de hoy, me he reunido con presidentes de instituciones, miembros de la legislatura, miembros de la prensa, líderes religiosos tanto a niveles locales como internacionales y hace no mucho tuve la oportunidad de hasta sentarme a convencer al gobernador de mi estado de que tenía que hacer algo por las comunidades hispanas de Washington. A pesar de estas experiencias, no me sentía en lo mínimo preparado para la conversación que tuvo lugar hace unas semanas atrás.

En estos pasados meses, mi compañero y yo hemos estado planeando nuestra boda. Como esto es algo nuevo para su sobrina de seis años yo me ofrecí a explicarle a ésta todo el asunto de que su amado tío Nando (como su familia le llama) y yo nos uniríamos en matrimonio.

Pasé semanas revisando la conversación en mi mente. Traté de visualizar todos los posibles escenarios. Busqué en mi mente las mejores palabras para explicarle a Emely lo que significa el matrimonio y por qué su tío y yo tendríamos una boda. Bueno, que por semanas estuve planeando para una conversación que me parecía medio sencilla – por aquello de mis años en el activismo – y natural. Después de todo, es nuestra sobrina de seis años que mide menos de tres pies de altura y no el Gobernador Inslee que mide más de seis…  ¿Qué podría salir mal?

Pues cuando el momento llegó todo resultó más difícil de lo que pensé. Emely nos quiso enseñar el nuevo vestido verde menta que su mamá le compró. También sacó los zapatos plateados que se pondría con el vestido. Pero había un problema, Emely no sabía para qué ocasión especial era ese vestido nuevo. Sabiendo que esta era nuestra oportunidad, su mamá le dice que me pregunte a mí.

Con todas las bases cubiertas, le digo a Emely que el vestido es para una ocasión especial. Ella se interesa y pregunta qué ocasión tan especial es esa. Yo le pregunto, “Emely, cuando dos personas se quieren mucho, ¿qué hacen?” Su repuesta, después de pensarlo un poco, es, “¡Se casan!” “Así es. Pues tu tío y yo nos queremos mucho. Como nos queremos mucho, vamos a tener una boda.”

Hasta ahora, todo va como planeado. La nena me sigue la conversación. Hay un momento de explicar que existen diferentes tipos de familia. Ella reacciona como lo más normal del mundo, porque, después de todo, ella también tiene un hermanito, una mamá y un papá con quienes vive y un papá, una mamá y un segundo hermanito con quienes pasa los fines de semana. El concepto de “familia no tradicional” es… pues lo tradicional para ella. Así como lo es para millones de niños y niñas en los Estados Unidos. “Bien hecho, tío” pensé yo.

Pero de repente la conversación se tornó difícil. Comenzaron a salir las preguntas que no esperaba. Emergieron aquellas curiosidades infantiles para las que nunca me prepararon los años de activismo. Resurgieron todos los temores que pueden surgir cuando le tratas de explicar a una niña de seis años que su tío, un hombre, se va a casar con otro hombre. Y aquí fue que me encontré en la disyuntiva de si seguía la conversación o si me levantaba y salía corriendo de allí porque no tenía la más mínima idea de cómo contestarle a nuestra sobrina sobre sus preocupaciones más grandes e importantes sobre la boda de su tío conmigo.

Mi mente quedó en blanco. Mi corazón palpitó más rápido. Mis manos me sudaban y las palabras no me llegaban a la boca. ¿Cómo contestarle a Emely estas preguntas tan profundas e importantes que nunca pensé que fueran las prioridades de una niña de seis años?

Resulta que, en medio de nuestra conversación, a Emely no le pareció nada extraño que dos hombres se fueran a casar. Pero cuando le expliqué que su tío y yo tendríamos una boda y que sería en una iglesia, con una sacerdote mujer y que tendríamos una fiesta con pastel/bizcocho (mi compañero es mexicano, así que hay que explicar las cosas en español MexiRiqueño), Emely puso sobre la mesa sus preocupaciones más grandes… “¿Habrá ice-cream?”

Totalmente desconcertado. Así me dejó su pregunta. ¿Habrá helado/nieve en la boda? Le di la única respuesta que tenía. Con una voz trémula porque no sabía cómo contestar tan profunda pregunta, le dije, “No. No habrá helado en la boda.”

De toda la conversación, de todo lo que le podríamos explicar sobre que dos personas del mismo sexo se vayan a casar, de todo lo que había ensayado en mi mente, nada me preparó para contestar esta pregunta. Pero las cosas no se quedaron allí. Todavía quedaba una pregunta aún más importante… “Tío, ¿y va a haber una piñata?”

Me quedé tieso. Ninguno de los tres adultos en la sala supo qué decir. Lo único que se nos ocurrió fue decirle que, por tradición, no hay piñatas en las bodas. Que las piñatas son para los cumpleaños y para otras fiestas, pero no para bodas

Emely no estuvo satisfecha. “¿Por qué no va a haber piñata en la fiesta cuando tío Nando y tú se casen? ¡Es una fiesta! ¡Yo quiere ice-cream y una piñata en su boda!”

Mientras yo todavía turbado por una conversación tan difícil, la niña no se detuvo en su afán de entender el extraño mundo de la gente adulta, donde las fiestas se celebran sin helado/nieve y sin piñata. “¿Cuándo es la boda?”, preguntó ella. “Pues al fin de mes.” “¡Pero yo quiero que tengan la boda ya y que haya ice-cream y piñata!

¡Qué trabajo tan difícil! Explicarle a una niña lo que es el amor y lo que es la igualdad matrimonial resultó mucho más difícil de lo que preveía. Quizás por esto es que aquellas personas que se oponen a la igualdad matrimonial no quieren que tengamos derechos. Es muy difícil explicarle a un niño o a una niña que en la fiesta de bodas de sus dos tíos hombres o sus dos tías mujeres, no habrá piñata ni helado. Quizás lo que temen los fundamentalistas religiosos es que no tienen la capacidad intelectual para explicarle a la niñez que cuando los adultos hacen fiestas, el helado y las piñatas no son prioridad.

No sé, quizás las personas que se oponen a la igualdad matrimonial por razones religiosas no tienen las palabras para explicar el extraño mundo de los adultos a la niñez. Les entiendo. La niñez entiende el concepto de amor muy fácil. Pero es extremadamente difícil explicarle las fiestas de adultos a la niñez. Son fiestas donde no hay helado ni piñatas. ¿De qué vale una fiesta de este tipo? ¿Qué más da si las dos personas que se paran frente al ministro o la ministra son dos hombres, dos mujeres, o un hombre y una mujer, si cuando ese amor se celebre no va a haber helado ni piñata?

Ya mi compañero y yo hemos hablado. Vamos a tener helado en la boda. Todavía no estamos convencidos de que haya piñata. Pero, ¿quién sabe? La sacerdote mujer que nos va a casar ya parece estar convencida de que es necesario que haya piñata en la boda para que la niña sea aún más feliz. Yo espero que ella la traiga en una de sus maletas cuando venga…

Emely tiene dos tíos que la adoran, que la respetan, que le ayudan con sus asignaciones de la escuela y que toman el tiempo para jugar con ella y enseñarle muchas cosas. Eso ella lo sabe. Ya la veo dando vueltas en la iglesia, con su vestido verde menta, comiendo helado/nieve y dispuesta a romper la piñata que marcará el día que sus tíos se juraron amor para siempre.

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El Amor de Dios es Condicional

Cuando era chiquito y participaba de las actividades de la iglesia bautista en la que crecí, aprendí un corito que dice así:

“Dios es amor,

la Biblia así lo dice.

Dios es amor,

lo vuelve y lo repite.

Dios es amor…

Buscando lo hallarás;

 en el capítulo cuatro,

versículo ocho,

primera de Juan.”

De pequeño, me gustaba tratar de cantar la canción porque siempre me trababa. ¿En qué verso es que está? ¿En qué capítulo? ¡Dios mío, pero si es que no sé diferenciar entre primera, segunda y tercera de Juan! Pasábamos mucho tiempo en la Escuela Dominical y en las Escuela Bíblica de Vacaciones aprendiendo este corito. Lo cantábamos cuando íbamos de jira y cuando hacíamos los servicios de la niñez. Lo canté en privado y en público. Lo canté y lo canté hasta que me lo creí…

Creciendo en la iglesia bautista de mi barrio, comencé a creer en un Dios que se manifestaba en amor. Tal como lo decía el corito, “Dios es amor, la Biblia así lo dice.” ¡Me creí el cuento! Llegué a pensar que las personas que me enseñaron dicho corito eran sinceras; que eran personas que de verdad creían en un amor incondicional de Dios hacia mí y hacia toda persona. Pero pronto me daría cuenta que eso no era verdad. Pronto me daría cuenta de que el amor de Dios no es incondicional; por el contrario, me di cuenta en mi adolescencia que el corito que me enseñaron era una mentira.

No digo que 1 de Juan 4.8 no diga que Dios es amor. Por el contrario. Claramente lo dice allí: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” Lo dice clarito. Así como lo canté de pequeño. Lo que no era cierto es que la iglesia que me enseñó a cantar este corito se creyera lo que cantaba.

La verdad es que no sé cuál es la posición de la iglesia bautista en la que crecí con respecto a esto. Cuando digo, “la iglesia que me enseñó a cantar este corito”, me refiero a la Iglesia Cristiana en general. Me refiero a aquella Iglesia que dice estar fundamentada en las enseñanzas de Jesús. Me refiero a aquella Iglesia que dice ser la portadora de gracia y salvación y liberación para la gente, porque es el cuerpo de Cristo. Si es bautista, o católica, o pentecostal, o presbiteriana, o carismática, o metodista, o adventista, o lo que sea, es inconsecuente. Me refiero a la iglesia que todavía hoy enseña a la niñez a cantar con alegría este corito, pero que a la hora de la verdad sus acciones distan mucho de las acciones del predicador errante que dicen seguir.

La Iglesia Cristiana me mintió. El amor de Dios que esta iglesia predica es condicional. El amor de Dios que esta iglesia predica es un amor que hiere. Bien lejos está este “amor” del que predicaba Pablo en su carta a la iglesia en Corinto, cuando escribe: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.” (1 Corintios 13.4-8) Ahora, ese “amor” que se supone era el de Cristo hacia la humanidad y que es el que se supone que la humanidad demuestre entre sí, se ha relegado “a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.” (1 Corintios 13.1b) Ya ese amor de Dios, del que tanto Juan y Pablo hablaron, solo se usa en recitales para bodas “correctas”, o sea, entre un hombre y una mujer. Así que ya ese amor no tiene sentido, ni tiene sonido.

La Iglesia me mintió. Me decía que Dios es amor pero según fui creciendo me di cuenta de que ese amor era condicional. Cuando yo abrí mis ojos al amor y encontré ese amor en otro hombre, la Iglesia me dijo que ya “el amor de Dios” no era para mí. A pesar de que me enseñaron a cantarlo; a pesar de que me enseñaron a buscarlo; a pesar de que me enseñaron a creerlo, ya ese amor no era para mí.

¡Hasta se inventaron un versículo para describir el amor condicional que Dios tiene para quienes somos como yo! “Dios ama al pecador, pero no al pecado” me comenzaron a decir. Yo buscaba y buscaba desesperado en dónde estaba este versículo tan recitado, pero nunca lo encontré. Por el contrario, después de mucho estudio y lectura de la Biblia (soy teólogo y pastor de profesión) me di cuenta que éste era un versículo inventado. ¡Otra vez me mintió la Iglesia!

Tanto me mintió la Iglesia que me dejó sin madre, sin padre y sin hermana. Cuando lo Iglesia decía que somos “la familia de Dios”, no decía que esta familia también era condicional. Nunca me dijo la Iglesia que para pertenecer a esta familia tenía que deshacerme de la persona que Dios me hizo y convertirme en un títere sin alma y sin entrañas; que me tenía que despojar de quien Dios me hizo para convertirme en una marioneta de la institución que puso condiciones al amor de Dios.

Pero he aquí la paradoja: mientras la Iglesia me siga mintiendo yo me seguiré proponiendo desmentirla. Después de haber dejado de un lado la Iglesia y sus mentiras, volví. No solo que volví, sino que me hice más creyente. Creyente de la realidad inescrutable a la que en mi fe llamamos “Dios”. ¡Me hice hasta más bautista! El amor y la pasión que sentí y que sigo sintiendo por todo lo que tiene que ver con la naturaleza de la Divinidad y con la forma en que la Divinidad se manifiesta, me llevó a estudiar teología. Además de esto, me llevó a optar por el ministerio parroquial como mi profesión. Hoy día sigo siendo una persona de fe; una fe transformada a fuerza de fuego, como dice el Apóstol en 1 de Pedro 1.2-9.

La fe que profeso hoy día es una que sigue la inocencia de la fe en el amor de Dios como lo cantaba de niño. A la misma vez, es una fe madura. Es una fe que no es ciega, sino que busca y escudriña las Escrituras porque ellas no son letra muerta e ídolo santo como el fundamentalismo que se ha apoderado de mi tradición religiosa lo quiere presentar. Por el contrario, las Escrituras que leo siguen siendo una “lámpara a mis pies y lumbrera a mi camino.” (Salmo 140.105) Las Escrituras que leo no son un ídolo ante el que me arrodillo y adora, como hacen los fundamentalistas que se han robado mi tradición religiosa. Las Escrituras que leo tienen historia y contexto. Las Escrituras que leo es “viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (Hebreos 4.12) ¡Estas no son palabras muertas para regir las vidas! Contrario a lo que los fundamentalistas que se han querido robar a tradición religiosa, las palabras que encuentro en las Escrituras tienen sentido cuando las veo en su justo contexto. Y esas palabras no son el final; sino el comienzo.

De hecho, después de mucho dolor por haber perdido mi familia, fueron las palabras que aprendí en la Escuela Dominical las que vinieron a mi mente: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá.” (Salmo 27.10) Mi padre, mi madre y mi hermana me dejaron, porque su amor es condicional, como el que predica la Iglesia Cristiana a la que asisten. Pero el amor de Dios, no el que predica la Iglesia, sino el que viene de la Divinidad en todo su esplendor y en todas sus manifestaciones, me recoge, me da la bienvenida, me abraza y me renueva.

También me he acordado de otras lecturas bíblicas. Por ejemplo, la única vez en que Jesús se manifiesta en los evangelios acerca de cuál es su definición de “familia”. El evangelista Lucas (8.19-21) nos cuenta esta corta historia que, una vez más, es la única declaración que hace Jesús sobre lo que él considera “familia”: “Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; pero no podían llegar hasta él por causa de la multitud. Y se le avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte. Él entonces respondiendo, les dijo: ‘Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.’” ¡Una familia se hace! Una familia es aquella que hacen real a Dios en su medio. Una familia, según Jesús, es la que tú escoges.

Esa familia la he ido haciendo a través de los años y las décadas. Ya no tiene padre, madre y hermana; pero tiene una abuela que siempre me ha querido. Tiene tías que me hacen reír y que siempre me abrazan. Tiene primas que me aman y me lo repiten una y otra vez. Tiene primos que, siendo hombres jóvenes heterosexuales en un ambiente machista, se atreven a alzar la voz por los derechos de las personas gay, lesbianas, bisexuales y transexuales. Tiene amistades, de todas las edades, todos los sexos, todas las orientaciones, todas las religiones y de ninguna religión, hasta de diferentes partes del mundo, que siempre han estado allí para mí. Esa familia tiene un compañero al que amo, que me ha dado su amor, su compromiso y su fidelidad y con quien próximamente me casaré legalmente. Quizás algún día mi madre, mi padre y mi hermana decidan regresar a mi familia y dejar atrás el amor condicional de su Iglesia Cristiana para acceder al amor incondicional del Espíritu de Dios del cual nos enseña las Escrituras. Cuando eso pase, estaré aquí con el resto de mi familia para recibirles.

Por ahora, sigo denunciando la mentira de la Iglesia. Al mismo tiempo, sigo proclamando la verdad que he encontrado en las Escrituras… Esta vez, como cuando era niño, canto, canto, canto… Este es mi canto de hoy:

¡El amor de Dios es maravilloso!

            ¡El amor de Dios es maravilloso!

            ¡El amor de Dios es maravilloso!

            ¡Cuán grande es el amor de Dios!

            Tan alto que no puedo ir arriba de él…

            Tan bajo que no puedo ir debajo de él…

            Tan ancho que no puedo ir afuera de él…

            ¡Cuán grande es el amor de Dios! 

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Everyday Hispanic Heritage Project – Prof. Christian J. Roldán Santos

Prof. Christian J. Roldán Santos

Instructor of Mathematics – Black Hawk College

Rock Island, IL

The Quad Cities between Iowa and Illinois is not precisely the place to find many Latin@s, although, as everywhere else in the USA, this is rapidly changing. There is a new influx of Hispanics due to both immigration and second and third generation Hispanics moving up in the economic ladder. However, it is always difficult for those moving to new places to find the resources to adapt to their new environments. This is why we need all the help that we can get from those who are already established and who are willing to extend their hands in solidarity.

Today’s Everyday Hispanic Heritage hero moved to the American heartland over ten years ago to attend the University of Iowa in Iowa City, IA. Christian Roldán Santos graduated with honors with a degree in Mathematics from the University of Puerto Rico in Mayagüez and immediately moved to Iowa City to pursue a graduate degree. Currently, Mr. Roldán is pursuing a PhD in Higher Education at Illinois State University, Normal, Il. He fell in love with the area and decided to make of the Midwest his home.

Mr. Roldán is originally from Juana Diaz, Puerto Rico. As a gay, Puerto Rican, Latino immigrant he has found that his life is always in limbo. He states that he is “too Puerto Rican and Latino for the United States, too American for Puerto Rico, and too gay for either place.” Perhaps this is what has brought him to be deeply involved in working for justice for Latin@ immigrants as well as for the LGBT communities.

There are many fields in which Latin@s are underrepresented, and Mathematics is one of them. However, Christian has a passion for this field and through his actions has shown the upcoming Latin@ generation that it is possible to pursue a career in Math and Sciences. Mr. Roldán is currently a professor of Mathematics at Black Hawk College in Moline, IL. At Black Hawk he is the advisor to two organizations, the Association of Latin-American Students (ALAS) and Phi Theta Kappa; he also serves as the vice-president of the school’s Senate, coordinator for the school’s International Festival, and volunteers during orientation session to help with international students.

Christian is also very involved in his local community. He regularly visits local schools to give talks and presentations on college life, leadership, success, and diversity awareness. More recently, he is schedule to be a presenter at the Latino Youth Summit at Black Hawk in October. Mr. Roldán also volunteers with the newly created LGBT Metro, an organization that supports gay, lesbian, bisexual, and transgender individuals in the Quad Cities area.

Certainly, Hispanics and Latin@s moving to the heartland of the USA will find inspiration and a supporting presence in Christian Roldán Santos. For all that he does for his community in the middle of the Iowa-Illinois border, Christian is today’s Everyday Hispanic Heritage hero!

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Dios y la comunidad trans

En las comunidades elegebeté (lesbiana, gay, bisexual y transexual) ésta última letra siempre se queda rezagada. Esto no es culpa de la comunidad – o debería decir, “comunidades” – trans, sino que ha sido una actitud sistemática de parte de las comunidades elegebe el mantener al margen a estas otras comunidades. Si bien es cierto que esta marginalización es evidente dentro de las comunidades elegebe, la misma es mucho más evidente en las comunidades religiosas.

Es bien sabido que aun dentro de las comunidades religiosas – en específico, cristianas – las comunidades transgénero, transexual y travesti son, no solamente ignoradas sistemáticamente, sino hasta demonizadas. Esta demonización de las comunidades trans es algo que debe tomarse en cuenta a la hora de hacer teología y de entender el llamado cristiano a la aceptación y a la diversidad.

En ocasiones me pregunto, ¿qué diría Dios de las comunidades trans? La respuesta a esta pregunta es mucho más simple de lo que muchas personas querrían que fuera. Aquí les dejo mi lectura socio-teológica de las Escrituras Sagradas con respecto a la relación de Dios con las comunidades trans.

Primero tenemos que definir de manera general las comunidades trans. El término transgénero es utilizado como una descripción de aquellas personas cuya identidad de género no se conforma a las normas sociales impuestas a su sexo biológico. Así, las personas transgénero pueden ser transexuales, travestis o personas de género no conformista. Hay que mantener en mente, sin embargo, que no podemos y no debemos asumir que una persona es transgénero simplemente porque no se conforma a nuestras definiciones de masculinidad o feminidad. Siempre es importante dejar que la persona misma se identifique a sí misma. Entre algunas personas dentro de las comunidades trans, el término transexual no es bien recibido, ya que tiene sus orígenes en la medicina y por lo general es utilizado para establecer un diagnóstico socio-sicológico. Asi mismo, dentro de las comunidades angloparlantes el término travesti es generalmente utilizado de manera ofensiva. Sin embargo, entre las comunidades hispanohablantes, el término travesti se refiere, por lo general, a aquellas personas que utilizan el transformismo como forma de entretenimiento o como estimulante erótico, independientemente de su identidad de género. O sea, que una persona puede ser travesti y ser “masculina” o “femenina” de acuerdo a las normas sociales y además puede ser heterosexual en su orientación.

Por supuesto, estos son términos y explicaciones generales. Es importante que cada persona, especialmente personas que ostentan posiciones de liderato en comunidades eclesiásticas, se mantengan informadas acerca de las diferencias entre estos términos para así poder ofrecer mejor apoyo pastoral a quienes se acercan a nuestras congregaciones.

Pero ahora movámonos a la relación que Dios tiene con las comunidades trans. Para poder hacer una mejor lectura de ésta relación es importante remitirnos a las primeras expresiones de Dios en las Sagradas Escrituras con respecto a la humanidad. Estas palabras las encontramos en Génesis 1.26-27: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre [literalmente, “ser humano”] a nuestra imagen,conforme a nuestra semejanza; […] Y creó Dios al hombre [literalmente, “ser humano”] a su imagen, a imagen de Dios le creó; varón y hembra los creó.” Una lectura transgresiva de este pasaje nos lleva a la conclusión de que en los albores del milagro de creación, la Divinidad misma nos deja saber su naturaleza transgénero. Una Divinidad que no tenga rasgos de uno y otro sexo no sería capaz de crear a la persona a su imagen y semejanza.

Contrario a la antigua forma de leer este pasaje como un llamado al binomio “macho-hembra” que nos ha sido impuesta tradicionalmente, una lectura liberadora del texto revela mucho más. La humanidad no fue creada en binomios, sino en un continuo entre uno y otro extremo y es derecho de cada persona de establecer los parámetros en los cuales su ser interior se siente en completa comunión con la Divinidad creadora.

Moviéndonos aún más adelante, otro ejemplo de transgresión ocurre en el milagro de la encarnación. El evangelio de Juan 1.14a nos deja ver esta mayor transgresión de la Divinidad: “Y aquel Verbo fue hecho carne…” La encarnación de Dios en la persona de Jesús es indicativo de una transgresión de género que sobrepasa el entendimiento humano. Ya no estamos hablando de dejar los roles de género masculino para comportarnos de manera femenina. Ahora tenemos el ejemplo de una sustancia completamente diferente viniendo a habitar en forma humana. La transgresión de Dios en el milagro de la encarnación es pues indicativo de la apertura extravagante que tiene la Divinidad para con las comunidades trans.

Mientras sigamos manteniendo las puertas de nuestras comunidades de fe cerradas a las comunidades trans, estaremos previniendo a la Divinidad misma la oportunidad de manifestarse en medio nuestro. No es posible para la persona cristiana, en particular, proclamar a Dios en la persona de Jesús y al mismo tiempo cerrar nuestras vidas y nuestras puertas a las comunidades de trangéneros, transexuales y travestis. Es hora de hacer de nuestras comunidades unas de bienvenida extraordinaria a toda persona y punto.

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The Problem of Religious Violence in Puerto Rico

Religious violence and fanaticism is nothing new. Both of these have had many manifestations throughout the centuries. In the history of the Church in the West – both Roman Catholic and Protestant expressions – we have seen and experienced religious violence. Within Roman Catholicism this violence was manifested in the institution of the Office of the Holy Inquisition, which accused thousands of people of heresy and brought them to death by horrible means. At the same time, Roman Catholicism fostered the religious wars of the Crusades, which were used to regain control of Jerusalem and Palestine, taking these lands from the Muslim faithful.

Less known are the manifestations of religious intolerance and violence within Protestantism. In the 16th and 17th centuries in Europe, as the Protestant faith was taking shape, pretty much every country had to overcome religious violence. Even the Martin Luther, the main reformer of the church in the West, was guilty of persecution when he condoned the execution of hundreds of peasants who wanted to take his reforms too far in his native Germany. In England, thousands of Catholic martyrs were killed because of religious persecution thanks to the actions of Queen Elizabeth, who sought to keep her political and religious stability through bloodshed.

More recently, in the Americas, we have seen religious wars between Roman Catholics and Protestants in the Mexican state of Chiapas, where faithful from both parties accuse each other of having desecrated the Christian faith. Puerto Rico has not been exempt from these manifestations of violence, especially expressed through the work of self-proclaimed religious leaders who frame their religious sermons in war rhetoric. For instance, often times during religious meetings in Puerto Rico, the term “spiritual warfare” is used to describe the relationship between those who profess the Christian faith on any given way and those who have a different understanding of the faith or those who have no faith. The problem with these manifestations of religious intolerance is that bring us to demonize “the other” thus taking away their personhood and transforming them into objects of hate.

Religious intolerance in Puerto Rico has much to do with the little theological education of the religious leadership. More often than not, this lack of theological education is more evident in those institutions that are not related to an established denomination. In Puerto Rico we have seen a sprouting of faith communities of charismatic theology and many “independent”  churches where the leadership role is filled by people who have proclaimed themselves “Apostles”, “pastors”, or “bishops” without having gone through the rigorous theological training required by many established denominations.

The proliferation of independent and charismatic/Pentecostal churches has also left a deep imprint in those faith communities that have traditionally been theologically educated. This is so, I believe, because those churches that require theological training do not have the resources to compete with those who send out without theological training to the pastoral field. Because of this lack of resources – particularly economic resources to send people to theological schools – both Roman Catholic and mainline Protestant communities are very often led by lay people without any or very little theological training.  This creates an environment where the leaders bring their own theological interpretations with multiple local biblical interpretations based on the social mores and understandings of the leaders. Unfortunately, these local interpretations of Scripture either dismiss or do not take into consideration the evolutionary reality of the development of the dogma and doctrine. There is no attention to how one belief is developed and why it exists.

Although the Puerto Rican people have tried to dismiss our Latino history and identity, preferring a pseudo-Americanization based on a myth, the truth is that we still show our plantain stain[i]. We are a Latin/Hispanic country. As such, we tend to grant power to those people who show greater charisma and personality. Church communities in Puerto Rico show this reality when they (us) grant leadership positions to those who claim to have received a direct message from God appointed them – or rather, self-appointing – as “God’s chosen and sent.” This is in spite of their lack of theological education for the most part. It is in this context where most religious leaders whose congregants are also voters come to be the perfect place for the political elite of all stripes to gain support.

Politics in Puerto Rico is also a manifestation of our latinidad, and thus it grants power and authority to those with more charisma and personality. The political ideas or platforms are irrelevant if a political party has enough money to buy the conscience of the people who watch sparkly TV and newspapers ads. Religious leaders are the perfect people to bring voters to the voting booths, regardless of the policy positions of the political parties. This is even more evident when we see in Puerto Rico the overwhelming support that Roman Catholic, conservative candidates receive from Pentecostal, charismatic, and conservative evangelical leaders in spite of these leaders’ violent and open anti-Catholic rhetoric. This makes for very interesting bedfellows, and to my knowledge, is not very common in other democratic societies, with the exception of the USA, country to which Puerto Rico belongs. These alliances are, perhaps, just a way for conservative religious leaders to gain access to power and prestige in order to impose their own religiously-motivated policy agendas.

Church-State separation in Puerto Rico is but a historical footnote printed in our Constitution. This separation is not practiced because it does not favor the establishment of political-religious elites. Historically, this separation was brought up with the idea of keeping the Church safe from the intervention of the State. The Baptist community, of which I am a part, fought incessantly to protect this separation. There are thousands of Baptist martyrs who died because of their position on this particular theological principle. Unfortunately, within the greater Baptist family, the principle of Church-State separation is but a mantra that is repeated without understanding what it means or how much it cost us to gain. It is even more unfortunate to see how a multitude of religious groups with a charismatic and Pentecostal tendency have influenced in the way in which our Baptist faith communities interpret this Biblical principle of separation.

Recent manifestations from self-appointed religious leaders in Puerto Rico are also a testimony to the lack of theological education that these people have been exposed to. Often, when any form of theological education has taken place, is in the form of a “Bible institute” in which you are taught how to memorize Scriptural texts but any contextual interpretation of the Bible is dismissed. These institutes tend to prefer a so-called “literal” approach. What the people trained in these institutes do not realize is that their “literal” reading of the Bible is actually a way of interpretation, in which their own mores and socialization is read into the text. Moreover, these literal readings of the Sacred Text lead people to the sin of idolatry, putting the Sacred Text en par and often times above the Triune expression of the Divine Mystery.  This form of idolatry, bibliolatry, has been extensively studied in recent years.

In more concrete ways, we note how the religious leadership in Puerto Rico has tried – often times very successfully – to influence the creation of public policy. By implanting laws that take away rights from the LGBT communities and protections to women in particular, the religious leaders have demonstrated that their interest goes beyond religious intolerance. These actions are actually a representation of these people’s desires to establish a form of “constitutional theocracy” where only those deemed “right” should have rights and be protected. This is an extension of their erroneous eschatological theologies in which the Reign of God is to be established by all means necessary.

This, of course, does not contribute to create a peaceful environment. These are in fact the roots of the cultural wars we are continually exposed to. What the religious leaders forget, though, is our call as people of faith to imitate Christ and to open stop closing the doors to those who are different from us/them. Interestingly, if these leaders paid any attention to the New Testament, they will see that it is filled with instances in which Jesus rebuked those religious leaders who wanted to implement their own interpretations of the Sacred Scriptures upon others. Again, we note how the religious leaders in Puerto Rico put the laws of the Bible above the example of Jesus, committing bibliolatry.

Ecumenical conversations in the Island are – from my perspective – not very useful either. Ecumenism in Puerto Rico is reduced to a series of liturgical celebrations and very few, watered-down, and sporadic round-tables. Even these ecumenical instances are marked by their lack of diversity. In Puerto Rico, ecumenism often takes place in one of three ways:

– Roman Catholic “ecumenism” that tries to bring the lost back to Rome.

– Mainline Protestant ecumenism that is watered-down and downplays the role of difference in Biblical interpretation in the name of “peace” and “unity.”

– Conservative evangelical and Pentecostal ecumenism that is more often than not a way of “saving” those lost Roman Catholics and mainline Protestants who have let theological education and church history “rot their minds.”

Perhaps it is time for ecumenical conversations in Puerto Rico to start anew, bringing to the table both what unites us and what separates us. Perhaps it is time to revive those ecumenical actions that happened during the people of Vieques’ fight to get the US Marine out of their island-municipality. Perhaps it is time for religious people in Puerto Rico to finally acknowledge the presence of Buddhist, Muslim, Jewish, Santero, Espiritist, and other forms of religions that are widely practiced in the Island and invite them to the conversation.

When Puerto Rico suffered the recent systematic killing of gay, lesbian, and especially transgender individuals, no church, to my knowledge, raised their voice of protest to denounce these atrocities. Yet, when a great Puerto Rican humanitarian like Ricky Martin brings his concert, a myriad of religious leaders came to protest. Why? Perhaps because Ricky is doing exactly what they are not: saving children from the hands of unscrupulous predators through his foundation to stop human trafficking. This is something that the churches in Puerto Rico are not doing. The shame that these religious leaders must be feeling might have moved them to raise their voices… These religious leaders are often more interested in “saving the souls” of the little kids while ignoring their current oppressed realities. This is certainly deplorable.

Many of us have already experienced the pain of having been excluded because of our theological leanings, our sexualities, our socio-economic realities and even our racial backgrounds. I was one of this people who suffered this pain both from society at-large but more painfully from the church. I believe that if there is any hope for the Church in Puerto Rico to be redeemed it will be when the Church – in all its expressions – publicly confesses its sins of rejecting God’s diversity in creation. In the meantime, the violent environment they have created from their hostile pulpits will continue to foster violence, deaths, murders, attacks to LGBT people, oppression to women and the working class, and a plethora of other social ills. This hostility from the pulpit has also reached the Legislature and the Executive branch and it is the primary responsible for bringing about the pain of death and violence in our Island. It is time to put an end to the bully pulpit of the Puerto Rican Church, and to begin living out the blessing of having God’s diversity in creation recognized. Until them, a peaceful living will be hard to achieve.


[i] There is a saying in Puerto Rico, “se te nota la mancha de plátano”, which translates to “you show your plantain stain”, making reference to the difficulty of hiding our identity as a historically rural-based and farming country.

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