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Recuerdos del Día de Reyes Magos

Me parece que en la adultez, todas las historias que contamos comienzan con las mismas palabras: “recuerdo cuando era pequeño…” Quizás es porque las memorias son lo único 2f115ab7a7a379b4164f57fdef3aabc0--reyes-pr

que nos quedan de días pasados; días que, si no mejores – porque ningún tiempo pasado fue mejor, sino que es mejor solo el recuerdo – por lo menos fueron suficientemente gratos para guardar en algún rincón de nuestras mentes.

 

Esta historia también comienza como las demás. Recuerdo cuando era pequeño la gran emoción que el Día de los Reyes Magos traía consigo.

Recuerdo la noche anterior, cuando en aquella casita con los bloques de cemento expuestos, la que nunca se terminó de construir y quedaba en medio de los cafetales del barrio Guayabo Dulce de Adjuntas, mi hermana y yo salíamos a recoger la yerba pa’ los camellos. Recuerdo cuando pasábamos bastante tiempo buscando esa yerba, porque tenía que ser la mejor. Después de todo, los Reyes y sus camellos venían del Lejano Oriente. Me enteré, en alguna conversación con mi mamá, que “Lejano Oriente” era Arabia. Recuerdo también que no tenía idea de qué significaban esas cosas, pero el mismo nombre del lugar del cual venían los Reyes decía que era lejano, así que entendía que tanto camellos como reyes habrían de estar hambrientos cuando llegaran a tan remoto lugar de la Isla. Lo que no recuerdo es el por qué solo poníamos yerba pa’ los camellos pero nunca le dejamos nada a los reyes. “Son magos” imagino que diría mi mamá. Con magia no se necesita comer, me imagino.

Recuerdo que llegando noviembre ya buscábamos la mejor caja de zapatos para poner la yerba de los camellos. Recuerdo que siempre tenía que ser una caja de zapatos aunque no recuerdo el por qué. Como sabemos, los recuerdos son selectivos. Recordamos aquello que nos interesa recordar. Aun así, recordamos aquello que nos interesa de la manera que nos interesa.

Recuerdo que la noche anterior al Día de Reyes, dejábamos las cajitas de zapatos debajo de la cama que alguna vez fue cuna, pero ya no tenía las barras de los lados que me mantuvieron seguro cuando todavía la cama funcionaba como cuna. Teníamos la ilusión de que los Reyes trajeran algo; que dejaran sus preciados regalos debajo de la cama y que nos sorprendieran con aquello que habíamos pedido. Recuerdo que mis listas siempre incluían lo siguiente: libros, pintura, una enciclopedia, un microscopio, una colección de rocas, algún cuadro de un pintor puertorriqueño famoso (en aquellos tiempos todavía no era feminista y solo pedía cosas hechas por hombres. Fue hasta mucho después que descubrí que las mujeres también pintaban, también escribían, también volaban a la luna…)

Recuerdo también que el Día de Reyes me despertaba emocionado y al mirar debajo de la cama, siempre había algo. Recuerdo que nunca lo que hubo debajo de la cama era lo que pedía; nunca encontré un libro, un cuadro o un microscopio. Recuerdo que la ilusión no se detenía y a pesar de que lo que llegaba no era lo que pedía, me sentía especial porque los Reyes Magos no se olvidaron de mí y de mi hermana. ¡Siempre llegaba algo! Recuerdo que la mayoría de las veces, lo que nos llegaban eran simples regalos que habíamos visto en alguna vitrina de las tiendas de Yauco cuando visitábamos a madrina Carmita y a titi Betsy. ¿Cómo sabían los reyes comparar en esas tiendas? ¿Cómo nadie nunca los veía recorrer el Paseo del Café en el centro del pueblo? Nunca se me ocurrió preguntar; o quizás pregunté pero no recuerdo.

Recuerdo también que el Día de Reyes, luego de abrir nuestros regalos y de compartir la emoción, nos montábamos en cualquiera que fuera el carro que mi papá tenía esa semana y nos dirigíamos al barrio Guayo, a casa de mi abuelo Quino y mi abuela Margot. Allí, junto a mis primas y primos, esperábamos por la cabalgata de Reyes Magos que siempre pasaba por la casa. Era parte de su ruta hacia el parque en Castañer, donde el Hospital General recibiría a todo el niñerío de Castañer para repartir regalos y dulces y para que disfrutáramos de este día mágico. Recuerdo que cuando los Reyes cabalgaban frente a casa de abuela y abuelo, nos tiraban dulces desde sus caballos. ¡Qué emoción sentíamos! ¡Qué maravilla el ver los Reyes, los Tres Santos Reyes Melchor, Gaspar y Baltazar, pasar justo frente a casa de abuelo y abuela! La cabalgata seguía por la carretera paralela al río Guayo, la misma carretera que pasaba por el Hospital Viejo y que llegaba al puente Cifontes y cruzaba de Adjuntas a tierras de Lares. Recuerdo cómo en ocasiones seguíamos la cabalgata hasta el parque de béisbol en Castañer. En ese tiempo no había plaza pública en el poblado, solo unos inmensos árboles de maga entre la escuela elemental y las tiendas del otro lado.

Recuerdo cómo nos arremolinábamos para recoger nuestros regalos de Reyes Magos del camión que el Hospital rentaba para traerlos. No había una niña o un niño en Castañer que se quedara sin regalo. En un poblado tan pequeño, todo el mundo se conoce y Mingo Monroig, el administrador del hospital, conocía cada familia, cada niña, cada niño y adolescente de Castañer. Recuerdo que después que los regalos se repartían, empezaba la música y el jolgorio, porque las Navidades no han terminado todavía el 6 de enero. ¡Qué va! Las Navidades están en todo su esplendor todavía y después del Día de Reyes vienen las Octavitas y continúan las parrandas. Recuerdo cómo seguíamos jugando con nuestros juguetes por varios días. Recuerdo que la escuela no comenzaba sino hasta mediados de enero porque había que darle espacio al estudiantado a jugar con sus regalos de Reyes Magos.

Ahora, también recuerdo cuando todo comenzó a cambiar… Pero esos son recuerdos que prefiero no tener hoy. Hoy, seguiré recordando el Día de Reyes Magos con la ilusión del niño que fui y que todavía se emociona cada vez que viene el 6 de enero. Seguiré recordando los regalos y la yerba y los primos y la familia y la cabalgata y el parque lleno de bache donde celebrábamos. Seguiré recordando a Guayabo Dulce y a Guayo y a Castañer. Seguiré recordando los cafetales y el rio Guayo y el puente Cifontes y la casita sin terminar y la cuna convertida en cama. Seguiré recordando que el Día de Reyes es mi día favorito del año y el que más me gusta de las Navidades. Seguiré recordando que, aunque esté lejos y ya no tengo ni tiempo de celebrar este día, el Día de Reyes Magos me hace el boricua que soy.

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Carta Abierta a la Legislatura PNP de Puerto Rico

Quiero decir esto públicamente con la esperanza de que llegue a los oídos de los legisladores y las legisladoras PNP de Puerto Rico.

¿Han leído alguna vez las Constituciones – de EEUU y Puerto Rico – que juraron defender? Creo que no. Lo más probable es que sean medio analfabetas, porque la verdad que sus acciones no son de personas que tengan una mínima educación. Alguien que sepa leer, no haría las burradas que están haciendo.

Las iglesias – o cualquier otra institución religiosa – tienen todo el derecho de negarle el rito matrimonial a cualquier pareja. (Si esto es “moral” o no es otra cosa. Pero no entremos en eso.) Las Constituciones explícitamente prohíben al Estado el determinar la teología, creencias y prácticas de las religiones. Eso es lo que se llama “separación de Iglesia y Estado”. Les pongo un ejemplo sencillo: la Iglesia Católica Romana NO casa a personas divorciadas cuyo matrimonio anterior no haya sido declarado nulo por un Tribunal Eclesiástico (claro, con las ya sabidas exepciones del Arzobispo de San Juan casando a la Sra. Sila María Calderón o a la Sra. Olga Tañón, ambas divorciadas cuando caminaron por el pasillo de la Catedral en sus trajes blancos.) Este derecho está en la Constitución: es la Iglesia, no el Estado, quién determina lo que es “matrimonio” para quienes pertenecen a esa tradición.

Por otro lado, hay iglesias que definen el matrimonio como la unión de CUALQUIER dos personas. Estas iglesias ofrecen el rito matrimonial a cualquier pareja – dos hombres, dos mujeres, o un hombre y una mujer. Esa es prerrogativa de la Iglesia gracias a la separación de Iglesia y Estado. Como dije, esto está en las Constituciones que ustedes, queridos legisladores PNP, no han leído.

Finalmente, NADIE puede obligar a un ministro, sacerdote, pastor, etcétera, el llevar a cabo un matrimonio entre dos personas que el líder religioso no crea que estén preparadas para entrar en esta unión.

Todo esto quiere decir lo siguiente, queridos legisladores analfabetos: su gran idea de someter legislación para “protejer” a ministros o más bien, para PROHIBIR a ministros seguir su conciencia con relación al matrimonio, es una intromisión INCONSTITUCIONAL en determinar la teología de las iglesias. Es similar a querer legislar a quién pueden o no pueden las iglesias bautizar, ordenar, hacer funerales, invitar a predicar…

Como ministro, me da terror el pensar que la teología de cualquier iglesia pueda ser determinada por cualquier legislatura, es especial una donde ninguna persona tiene la más mínima educación teológica.

Más está decir que la reciente decisión del Tribunal Supremo de EEUU no cambió en nada la definición del matrimonio en ninguna iglesia. Cada iglesia seguirá definiendo “matrimonio” de acuerdo a su interpretación de las Escrituras que determinen sagradas. Sin embargo, es entendible que ustedes, ignorantes legisladores, hayan creído la mentira que tanto repitieran los grupos fundamentalistas puertorriqueños. Tanto repetir la mentira de que una decisión que no tiene nada que ver con teología iba a afectar sus iglesias, ha creado la ilusión de que es verdad esa mentira. Pero no, nada ha cambiado. Lo único que ha cambiado es que ahora las iglesias tienen que explicarle mejor a sus feligreses – en especial a los más jóvenes – porqué excluyen del rito matrimonial a algunas personas. Ese era el único miedo que tenían los líderes religiosos. Pero, de nuevo, eso serán temas teológicos que cada iglesia te drá que enfrentar por su cuenta.

Ahora, queridos ignorantes legisladores PNPs, espero que dejen de tratar de meterse en temas que no les importan y de los que no tienen idea – en este caso, teología – y se pongan a buscar la forma de trabajar junto al otro grupo de idiotas que tienen por compañeros a ver si hacen algo para sacar a la Isla del hoyo que ustedes mismos – penepés y populares – la han metido.

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Yo también soy puertorriqueño

Pero no cambia mi amor
Por más lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente

Todo Cambia, Julio Numhauser

       Hace quince años, más o menos – con una pequeña interrupción en el 2011 – vivo en los Estados Unidos. La mayoría de este tiempo la he pasado entre estudios y trabajo. Ambos – tanto estudios como trabajo – han sido por lo general en contextos angloparlantes. Como estudiante, pasé cuatro años en la escuela graduada de teología, sumergido en clases todas en inglés, con libros en inglés – aun cuando el curso podría ser sobre teología latinoamericana –, escribiendo ensayos en inglés y asistiendo a servicios religiosos en inglés. Durante el tiempo que trabajé como pastor de congregaciones, la mayoría de estas congregaciones fueron angloparlantes. Aquí también tuve una interrupción, puesto que serví una congragación hispana en la ciudad de Nueva York. En esta congregación – y es importante que señale esto – la mayoría de las personas eran ecuatorianas, con una buena dosis de bolivianos, puertorriqueños, colombianos, cubanos, guatemaltecos, hondureños, peruanos y una persona mexicana.

Cuando era pequeño, recuerdo que a quienes se iban de Puerto Rico y regresaban eran vistos casi como “traidores a la patria”. Nadie decía nada abiertamente, es cierto, pero se les trataba como tal. “Ya te ves más blanca que una gringa”, le decían a algunas de mis tías cuando visitaba el poblado Castañer donde crecí. “¿Se te olvidó tan rápido el español?” le preguntaban a mis tíos que llevaban más de veinte años viviendo en Illinois o Nueva Jersey. “¿Es que no le enseñan español a esos nenes?” le preguntaban a tíos y tías cuando sus hijas e hijos batallaban para comunicarse con lo que aparentaba ser su poco vocabulario en español. Todas estas actitudes eran las que veía en mi propia familia. Pero estoy seguro que existían en otras familias también.

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Por mi parte, siempre pensé que irse de la Isla era como una traición. Sí, yo también lo pensaba. ¿Por qué se va la gente de este paraíso? ¿Por qué se retiran como si no pudieran hacer nada por este país y luego vienen con acentos, ropas diferentes, creyéndose más boricuas que aquellos que nos hemos quedado y queriendo tener injerencia en asuntos internos de la Isla que dejaron atrás? De verdad que no comprendía por qué las personas que salían de la Isla querían regresar con opiniones políticas y sociales; con expresiones culturales que eran ya irrelevantes a la realidad del momento en Puerto Rico; pero más que todo, con ese acento que ni era del todo español “boricua” ni inglés bien hablado. Me irritaba. Como siempre me he identificado como independentista, pues me irritaba más, porque pensaba que quienes se habían ido, no deberían tener la oportunidad de reclamar su puertorriqueñidad.
Eso es, hasta que me tocó a mí. Ahora soy yo quien está en el otro lado del discurso, como receptor de las críticas de amistades y enemistades que me piden que me quede callado cuando asuntos políticos, económicos, sociales y demás vienen a ser discutidos en el foro público puertorriqueño. Ahora soy yo de quien se burlan por un acento que algunas personas llaman “neutral” y que otras a quienes les interesa menos esconder su xenofobia llaman “mexicano”. Ahora es de mí de quien se dice que estoy “engringado” porque se me olvidan palabras y conceptos en el idioma de Cervantes y a veces mezclo el español con el inglés como la cosa más natural del mundo pero que es una aberración a los puristas boricuas que no pronuncian las “s” al final de las palabras y que arrastran las “r” como si estuvieran hablando francés, o, en la mayoría de los casos, las cambian por “l” aunque morfológicamente esté incorrecto…
Hay algo que entiendo ahora y que no entendía cuando era parte de los puristas puertorriqueñistas: la puertorriqueñidad – o cualquiera que sea la nacionalidad u originalidad de la persona – no tiene que ver con residir en el lugar, sino con las raíces que te unen a ese lugar. Por eso fui, soy y seguiré siendo puertorriqueño, con mancha de plátano incluida, no importa dónde resida ni cuánto tiempo pase fuera de la Isla. Como cantaba Mercedes Sosa – la argentina que vivió en el exilio en Francia y Esapaña hasta que pudo regresar a su amado país -: “Cambia, todo cambia; Pero no cambia mi amor, por más lejos que me encuentre, ni el recuerdo ni el dolor, de mi pueblo y de mi gente.” Y que valga decir que la canción fue escrita por un chileno, Julio Numhauser, quien también ha vivido en el exilio en Suecia desde que tuvo que abandonar su país durante la dictadura. Sí, todo cambia, pero no cambia el amor, el recuerdo, el interés, la pasión, el anhelo de mi gente y del país que me vio nacer y crecer. Miles de millas nos pueden separar, pero mi puertorriqueñidad no me la quita nadie; ni la realidad en la que vivo, ni los puristas puertorriqueñistas en la Isla.
Ciertamente, no fue la violencia militar la que me hizo salir de Puerto Rico. Al usar a Sosa y a Numhauser no quiero decir que mi situación haya sido idéntica. No lo fue. Aunque sí tuvo que ver la política con mi exilio. Pero lo que quiero demostrar al utilizar estos ejemplos es que toda persona que por cualquier razón deje a su patria para instalarse en otro lugar, sufre tanto de añoranza por su pueblo como de rechazo por parte de quienes, por cualquier razón, se han quedado.
Los medios de comunicación sociales nos permiten tener contacto constante con los países que hemos dejado. Esto también hace que nos mantengamos acercados a situaciones sociales, económicas, políticas y demás en nuestros países de origen. Si queremos aportar al discurso público en nuestros países, ¿por qué impedírnoslo? ¿Qué nos hace menos puertorriqueñas o puertorriqueños? ¿Quién dice que hemos dejado de interesarnos en el presente y el futuro de nuestra tierra? Los gobiernos (y no solo el de Puerto Rico) contrata servicios de consultoría de países extranjeros todo el tiempo. Esto lo hacen porque a veces el tener una perspectiva diferente, “desde afuera”, puede ayudar inmensamente en el desarrollo interno. Entonces, ¿por qué demandar que nos callemos quienes vivimos fuera de la tierra Borincana? Nuestra experiencia de vida en la Isla y fuera de ella es, creo yo, necesaria para el desarrollo del país. Esto no quita validez ni peso a las opiniones y las acciones de quienes todavía viven en Puerto Rico. Por el contrario, las fortalece.
Además de nuestra esto, lo cierto es que en el mundo globalizado en el que vivimos, todas las personas podemos hacer público nuestro sentimiento y nuestras posiciones con respecto a cualquier cosa de cualquier país. El hecho de que somos de un lado, de que vivimos en otro y de que hablemos diferentes idiomas no significa que no podemos entender la realidad de otros países u otras sociedades. Si no, ¿por qué tanta gente en Puerto Rico tiene opiniones e ideas de lo que debe hacerse en el Oriente Medio? O sea, según quienes nos critican por proponer ideas sobre la realidad actual de Puerto Rico, quienes vivimos fuera de la Isla “no tenemos vela en ese entierro”, pero lo mismo no le aplica a quienes viven en la Isla y tienen ideas de qué debe hacer el gobierno de Siria y las guerrillas ciudadanas. ¿Lógica etnocentrista?
Hay otro punto al que hice referencia al principio y quiero retomar; el acento. Quien ha salido de la burbuja San Juan-Bayamón-Guaynabo-Caguas (¡y mira que hay muchas personas que nunca han salido de allí!) sabrán que cada rincón de la Isla tiene su acentito. Unos más y otros menos, pero todos tenemos un acento regional. Recuerdo que cuando pequeño mi hermana y yo nos reíamos con la forma “cantadita” de hablar de nuestra familia de Morovis. ¡Morovis! Otro pueblo montañoso no tan diferente de Adjuntas donde crecí, pero con sus regionalismos y hasta su propio acento regional.
Tanto el jíbaro del campo como la señora de la loza tienen su acento particular. Cuando el jíbaro se muda pa’ la loza y la señora de la capital se muda pa’l campo, sus acentos pueden cambiar. El jíbaro comienza a pronunciar la “s” al final de la palabra mientras que la doña comienza a arrastrar la “r”. Eso pasa todo el tiempo. Es parte de una cultura en movimiento. Es parte de vivir en un mundo donde estamos en cada momento interactuando unas con otras. Cuando los horizontes se ensanchan y ya no es solamente salir de la loza pa’l campo, sino de un país a otro, es también posible que los acentos cambien. Esto no quiere decir que todo el mundo cambia su acento. No. Algunas personas, por cualquier motivo, lo mantienen. Otras, sin embargo, cambian. Es parte normal de las interacciones humanas.
Como dije al principio de este ensayo, estuve al frente de una congregación que era mayormente ecuatoriana. El transporte público, para mí, es guagua. Así que, en puertorriqueño, yo digo “coger la guagua” para referirme a la acción de tomar el transporte público para ser transportado de un lugar a otro. Pero hay algo importante en las relaciones internacionales y el uso del español… En Ecuador, “guagua” es niña pequeña, mientras que “coger” tiene, además de la acepción de “tomar”, otra acepción, que es de naturaleza sexual. Lo que para mí es una acción normal del día a día, para un ecuatoriano es una vulgaridad. ¿No es responsabilidad de un buen líder el adaptarse a la comunidad que sirve? Entonces, debo adaptar mi español a la comunidad que me circunda. Esto no me ha hecho menos puertorriqueño ni me quita el deseo de estar involucrado en la realidad política, social, económica y demás del país al que me siento unido.
El acento no me define como puertorriqueño; como tampoco define mi puertorriqueñidad el lugar donde vivo, mi sexualidad, mi color de piel, mi educación, mi sexo, mi género, mi posición social, mi trabajo, etcétera. Mi puertorriqueñidad no depende de cómo la definan quienes se han quedado en la Isla. Tampoco depende de cómo la definamos quienes hemos salido o quienes nunca la han visitado (hay puertorriqueños y puertorriqueñas que han nacido en Estados Unidos u otros países que también se interesan en la realidad de la Isla.) Mi puertorriqueñidad y cuánto quiero involucrarme en las discusiones de la realidad isleña la defino yo. Me interesa seguir leyendo, aprendiendo, escuchando, opinando sobre la realidad de la Isla. Me interesa seguir poniendo mi granito de arena en el desarrollo social, político, económico de Puerto Rico. Me interesa porque amo a mi Isla y no importa cuánto cloro los puristas puertorriqueñistas me quieran tirar, la mancha de plátano no se me va a quitar. ¡Yo también soy puertorriqueño!

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I Have An Accent… Get Over It!

It was the first board meeGlobe_of_languageting of the year for a large, international organization. As there were going to be new members for the board, it was needed to go around and introduce ourselves. There were people from the four nations where the organization has a presence plus individuals from other nations who reside in one of the four nations represented. Everyone was sharing their names, location, and their job. It was right there when it happened…

With no hint of irony in her voice, the white, middle age, college-educated woman states that she lives in one of the places that was taken first from the native inhabitants and then from the nation to the south. Proudly she tells her audience – an international audience – that she “teaches foreign students how to lose their accents so they can get jobs” in the United States. Yup. Right as you read it. Immigrants who had spent years of education, who probably speak more than one or even two languages, needed this woman’s help to lose their accents so they could get in with the system.

I looked around for the reaction of my fellow immigrants and non-white colleagues, and, unsurprisingly, we all cringed a little. What this woman was saying, unconsciously, is that our accents make us look dumb, uneducated and unprepared for the professional challenges that jobs in this country offer.

Not long ago, something similar happened to me as I was about to take a new position and someone suggested that the organization paid for a coach who would help me lose my accent. (Full disclosure: I was not informed of this until after I had accepted the position, which caused much pain as I worked there.)

The USA culture states that, no matter how ethnically diverse the country is, those of us who have kept our accents from our mother tongues do not quite belong. For some immigrant communities this has meant that their ancestors’ languages have been lost because the parents are worried their children might not be able to find work or succeed in life. Interestingly, the culture has also incorporated words from other languages into the US English. Think, for instance, about words such as Kindergarten (German), pierogi (Polish), mesa (Spanish), bouquet (French), Brooklyn (Dutch), finale (Italian), tycoon (Japanese) and shtick (Yiddish), just to name a few. Other languages are part of the US culture, but nobody wants to acknowledge it. Moreover, if those of us who emigrated here from other countries with a different language use our own languages to communicate or express ourselves in English with an accent, then we are scolded for it.

Yet, nobody pays attention or asks Australians, South Africans, Jamaicans, New Zealanders, Trinidadians or British to lose their accents. Why?

It is true that communication is extremely important in academic and professional settings. (The personal settings are a bit different due to the familiarity of the people involved.) However, our accents and language backgrounds should not dictate our – the immigrant’s – capabilities to do the work. Being able to speak a language different than English does not mean that we have less education, less knowledge or less professional abilities. It only means that our education was in a language that was comprehensible to us as we grew up and became professionals. In fact, nobody questions the intelligence of English-speakers when you come to our countries and often times refuse to learn at least basic phrases to communicate with the people who live there.

Here are three other things that US Americans need to understand about people who speak other languages. First, most of us do speak English. Our accents only mean that English is a second, third and sometimes even fourth language (I had a seminary professor for whom this was the case, where English was the fourth language he learned.) The use of English along our own mother tongues only points to the fact that we are bi- or multi-lingual. How many languages you, English-speaker, are able to read, understand and speak?

Second, the truth is that every chance we have, we use to learn how to pronounce words, how to expand our vocabulary, and how to find the correct way to use your language in all contexts. Have you thought how difficult it is for a foreigner who was only exposed to “proper” English to figure out some of the common idioms and day-to-day phrases of your language? Take, for instance, “cut the mustard”. I know what the verb “cut” is, and I know that “mustard” is a condiment. How in the world am I supposed to know that “cut the mustard” means “to succeed”?! My mental references for mustard do not even allow for cutting! Mustard, as a seed, is too small to be able to be cut, and as paste, there is no need to be cut as it spreads. Do you follow my thoughts? (There’s another one!) I can tell you, from my personal experience, that I even take time to listen and practice pronouncing a word over and over and over again trying to find the correct way to pronounce it.

Third, there is the issue of pronunciation and hearing. You, who grew up listening to words in your language all the time, might be able to catch the subtle difference between “leave”, “live” and “leaf” but, trust me; it all sounds exactly the same to me! I need to pay attention to the context in which you used these words to find which one you used. How hard it is for you to do the same exercise? All of this is tiring, but it is exactly what non-English speakers have to do every day of our lives in this country (and what English-speakers have to do every day if they live in countries outside of the English-speaking world.)

There are two final thoughts I want to share with all of you. First, is the issue of regional accents within the United States. Most people fret about and want to change the accent of foreigners, but you seldom hear about changing the accents of people from different regions within the country. There are not-too-small differences between the accents of an Alaskan, a West Virginian from the mountains, a person from Brooklyn and one from Massachusetts. Yet, nobody will dare recommending that we all come to an agreement about speaking with the same “standard” English accent. Why? Because there is no such thing as a standard accent in any language! All languages have regional differences! Hence the ridiculous idea of asking British, Jamaicans, Australians, South Africans and Trinidadians to change their accents… they all speak English with regionalisms and it is a matter of adapting our ears to those regionalisms in order to understand each other.

Finally, my accent is, to me, a point of pride. It tells me that I speak more than one language, that I am able to communicate with more people than mono-lingual persons, and that I bring with me to this country a history. It defines who I am at this moment of my life and it makes me feel part of the global community, not just of a small community of either people of the United States or people of Puerto Rico. I can drive through the northern border of the USA and make myself understand just as I can cross the southern border and still engage in conversations. (Unfortunately, I do not speak French; therefore any visit to Quebec would be an adventure… And one that I would gladly welcome!)

My best advice to those who complain about my accent, or about any accent for that matter? Get over it.

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Seeing God in Abuela

When my father and my mother forsake me, then the Lord will take me up.
Psalm 27.10, KJV

My abuela Palmira left this world on March 30th, 2014. She was the last one of my grandparents to leave us. I had been blessed with three sets of grandparents as my father had two sets of parents, his birth parents, abuelo Quino and abuela Margot, and the couple of welcomed him into their family when he was quite young and working away from his hometown, abuelo Jobito and abuela Ester. My maternal grandfather, abuelo Juanito, left us when I was 8 years old but I still remember him very well. Every Sunday afternoon, when the family gathered at their home, he would sit on his rocking chair and tell us funny stories that would make us laugh for hours. Abuela Palmira would stand next to him and laugh with all of us.

Abuela Palmira   There was something peculiar about my maternal grandparents. They practiced Spiritism, a religion in which every human being is of sacred worth and where spirits guide us to be in communion with the Great Spirit that is sometimes called God. At their home, everyone was welcomed and celebrated. They never rejected anyone. My grandparents believed in serving everyone and in welcoming everyone without distinction. Although I was too young when my grandfather died and thus not even aware of my own sexual orientation, I know that my grandfather would have accepted me and celebrated me. My grandmother, however, had the chance to know who I am as a whole person and she always, without doubt and without excuses, celebrated me for who I am.

When I think about abuela Palmira, the verse that always comes to mind is that of Psalm 27.10: “When my father and my mother forsake me, then the Lord will take me up.” When my parents rejected me for being queer, it was abuela who welcomed me. She always supported me and celebrated my life. When I introduced her to my now husband, I was told that she spent months telling everyone who would listen about the wonderful man I had met. Recently, while talking with an aunt, she told me how they found among abuela’s personal items the wedding invitation I had sent her for my marriage. I knew she would not be able to attend my wedding due to health problems, but she had kept that invitation as an important memento. Through these actions, I can say that abuela embodied the Holy One in my life. Thus, when my parents disowned me, God took me up through the love, support and affirmation of my abuela Palmira.

The Sunday before abuela departed this world, my husband and I spent time with her. We had been in Puerto Rico for vacation, and of course I had to go visit abuela. She made us laugh with her witty remarks. This was abuela. She was always making jokes and laughing about things, even when her health wasn’t the best, she always found joy in living. I am not naïve to say that she was perfect, because none of us are. She had her flaws and made mistakes like the rest of us. But her love and support meant the world to me, and it is those values that will stay with me throughout my life. Her love, her support, her laughter that last time I saw her will always be the manifestation of God in my life. I will keep her memory alive as long as I live and I will always share with the world the values that she shared with me.

Abuela Palmira, you are now gone from us, as you would have said, you are now “unfleshed”, but your spirit will continue to guide me just as the spirit of abuelo Juanito has never left me. Gracias por todo, abuelita.

 

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Hispanic Heritage Month 2013 Reading List

September 15th through October 15th is “Hispanic Heritage Month.” Here is a list I put together of books that talk about the Hispanic/Latin@ experience in the United States from different perspectives. I have only included books I have read and deemed interesting. I have also tried to capture different aspects of the Hispanic/Latin@ vida: from religion to sociology to economy to immigration… (I still have a very long list of other books to read… once I do read them, they will show up on this list!)

It is my hope that you can grab at least one of these books during this month and learn more about the Latin@/Hispanic experience in the United States. All of the books are in English, as my intention is to reach out to the English-speaking friends of all ethnicities and races. Hope you enjoy!

9.15.12.HispanicHeritageMonth

 

Religion:

1. Mañana: Christian Theology from a Hispanic Perspective by Justo L. González

2. En la lucha / In the Struggle: Elaborating a mujerista theology. A Hispanic Women’s Liberation Theology by Ada María Isasi-Díaz

3. La Cosecha: Harvesting Cotemporary United States Hispanic Theology by Eduardo C. Fernández

4. Latina Evangélicas: A Theological Survey from the Margins by Loida I. Martell-Otero, Zaida Maldonado Perez and Elizabeth Conde-Frazier

5. Galilean Journey: The Mexican-American Promise by Virgilio Elizondo

Literature:

1. When I Was Puerto Rican: A Memoir by Esmeralda Santiago

2. Almost a Woman by Esmeralda Santiago

3. The Turkish Lover by Esmeralda Santiago

4. The House on Mango Street by Sandra Cisneros

5. The Circuit : Stories From the Life of a Migrant Child by Francisco Jiménez

6. Breaking Through by Francisco Jiménez

7. Reaching Out by Francisco Jiménez

8. How the Garcia Girls Lost Their Accents by Julia Álvarez

9. Christ-Like by Emanuel Xavier

10. Americano: Growing up Gay and Latino in the USA by Emanuel Xavier

11. Santo de la Pata Alzada: Poems from the Queer/Xicano/Positive Pen by Lorenzo Herrera y Lozano

12. My Beloved World by Sonia Sotomayor

History

1. Bacardi and the Long Fight for Cuba by Tom Gjelten

2. Latino Americans: The 500-Year Legacy That Shaped a Nation by Ray Suárez

3. Latinos: A Biography of the People by Earl Shorris

4. Harvest of Empire: A History of Latinos in America by Juan González

5. Latinos: Remaking America edited by Marcelo M. Suárez-Orozco and Mariela Páez

6. Historical Perspective on Puerto Rican Survival in the United States edited by Clara E. Rodríguez and Virginia Sánchez Korrol

Cultural Studies

1. From Bomba to Hip-Hop: Puerto Rican Culture and Latino Identity by Juan Flores

2. It’s All in the Frijoles: 100 Famous Latinos Share Stories, Time-Tested Dichos, Favorite Folktales, and Inspiring Words of Wisdom by Yolanda Nava

3. Latinos in America: Philosophy and Social Identity by Jorge J. E. García

Social & Contemporary Issues

1. Empire’s Workshop: Latin America, the United States, and the Rise of the New Imperialism by Greg Grandin

2. HIS-Panic: Why Americans Fear Hispanics in the U.S. by Geraldo Rivera

3. Illegal People: How Globalization Creates Migration and Criminalizes Immigrants by David Bacon

4. The Presumed Alliance: The Unspoken Conflict Between Latinos and Blacks and What It Means for America by Nicolás C. Vaca

5. “They Take Our Jobs!” And 20 Other Myths About Immigration by Aviva Chomsky

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Lo que la decisión de la Corte Suprema significa para mi familia

Hoy ha sido un día histórico. La Corte Suprema de los Estados Unidos ha determinado que el gobierno federal no tiene razón constitucional para negar los derechos a las parejas del mismo sexo que hayan entrado en contratos matrimoniales donde esos contratos sean aceptados. O sea, que si vives en un estado de la Unión donde el matrimonio igualitario es una realidad, entonces el gobierno federal tiene que reconocer tu matrimonio.

A veces pensamos en asuntos de derechos y los vemos como cosas que pasan “por allá”, “a otra gente”, pero pocas veces le vemos las caras a quienes se afectan por estos hechos. Pues hoy quiero que sepan que estos asuntos tiene nombres, apellidos, familias y que queremos futuros seguros. Mi esposo y yo somos parte de esas miles de parejas que, a partir de hoy, tenemos accesos a derechos que antes no teníamos. Hace un mes somos esposos. Hace poco más de un mes, mi empleador, la Iglesia Bautista Universitaria de Seattle (University Baptist Church) le ofrece seguro médico a mi esposo. Hace ya casi dos años que vivimos juntos, compartiendo todo en el hogar. Sí, el nuestro es un HOGAR. Somos una FAMILIA.

Pero no es hasta hoy que el gobierno federal ha reconocido nuestra relación.

Esta es nuestra situación: hasta hoy, teníamos miedo. ¿Por qué? Pues porque mi esposo está en este país sin los documentos necesarios para residir legalmente en los Estados Unidos. A pesar de que trabaja, paga impuestos, contribuye a la nación, tiene seguro médico, tiene familia en el país, etc., su estatus migratorio nos mantenía en vilo. Hasta hoy, no había nada que pudiéramos hacer. Vivíamos en miedo. Pero hoy ese miedo se ha convertido en alegría…

Hoy mi esposo y yo nos regocijamos de que podemos comenzar el proceso para normalizar su estatus migratorio. Hay por fin una luz – una luz intensa y esperanzadora – al final del túnel. Hoy, gracias a la decisión de la Corte Suprema, puedo patrocinar a mi esposo para que viva y trabaje legalmente en los Estados Unidos. Más que eso, ya no tenemos que tener miedos.

Estas decisiones cambian vidas. Esas vidas que esta decisión ha de cambiar son reales. No importa lo que fundamentalistas pseudoreligiosos digan, estamos hablando de personas, de familias, de seres humanos… Hoy, mi humanidad y la humanidad de mi esposo fueron afirmadas. Nuestros derechos fueron reconocidos. Derechos que hasta hoy solo eran el privilegio de parejas heterosexuales. Pero no. Hoy la Corte Suprema dijo que YO TAMBIEN SOY PERSONA y que mis derechos son tan importantes como los de cualquier otro ciudadano de este país. Mi familia es hoy feliz y no vive en miedo nada más.

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El Amor de Dios es Condicional

Cuando era chiquito y participaba de las actividades de la iglesia bautista en la que crecí, aprendí un corito que dice así:

“Dios es amor,

la Biblia así lo dice.

Dios es amor,

lo vuelve y lo repite.

Dios es amor…

Buscando lo hallarás;

 en el capítulo cuatro,

versículo ocho,

primera de Juan.”

De pequeño, me gustaba tratar de cantar la canción porque siempre me trababa. ¿En qué verso es que está? ¿En qué capítulo? ¡Dios mío, pero si es que no sé diferenciar entre primera, segunda y tercera de Juan! Pasábamos mucho tiempo en la Escuela Dominical y en las Escuela Bíblica de Vacaciones aprendiendo este corito. Lo cantábamos cuando íbamos de jira y cuando hacíamos los servicios de la niñez. Lo canté en privado y en público. Lo canté y lo canté hasta que me lo creí…

Creciendo en la iglesia bautista de mi barrio, comencé a creer en un Dios que se manifestaba en amor. Tal como lo decía el corito, “Dios es amor, la Biblia así lo dice.” ¡Me creí el cuento! Llegué a pensar que las personas que me enseñaron dicho corito eran sinceras; que eran personas que de verdad creían en un amor incondicional de Dios hacia mí y hacia toda persona. Pero pronto me daría cuenta que eso no era verdad. Pronto me daría cuenta de que el amor de Dios no es incondicional; por el contrario, me di cuenta en mi adolescencia que el corito que me enseñaron era una mentira.

No digo que 1 de Juan 4.8 no diga que Dios es amor. Por el contrario. Claramente lo dice allí: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” Lo dice clarito. Así como lo canté de pequeño. Lo que no era cierto es que la iglesia que me enseñó a cantar este corito se creyera lo que cantaba.

La verdad es que no sé cuál es la posición de la iglesia bautista en la que crecí con respecto a esto. Cuando digo, “la iglesia que me enseñó a cantar este corito”, me refiero a la Iglesia Cristiana en general. Me refiero a aquella Iglesia que dice estar fundamentada en las enseñanzas de Jesús. Me refiero a aquella Iglesia que dice ser la portadora de gracia y salvación y liberación para la gente, porque es el cuerpo de Cristo. Si es bautista, o católica, o pentecostal, o presbiteriana, o carismática, o metodista, o adventista, o lo que sea, es inconsecuente. Me refiero a la iglesia que todavía hoy enseña a la niñez a cantar con alegría este corito, pero que a la hora de la verdad sus acciones distan mucho de las acciones del predicador errante que dicen seguir.

La Iglesia Cristiana me mintió. El amor de Dios que esta iglesia predica es condicional. El amor de Dios que esta iglesia predica es un amor que hiere. Bien lejos está este “amor” del que predicaba Pablo en su carta a la iglesia en Corinto, cuando escribe: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.” (1 Corintios 13.4-8) Ahora, ese “amor” que se supone era el de Cristo hacia la humanidad y que es el que se supone que la humanidad demuestre entre sí, se ha relegado “a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.” (1 Corintios 13.1b) Ya ese amor de Dios, del que tanto Juan y Pablo hablaron, solo se usa en recitales para bodas “correctas”, o sea, entre un hombre y una mujer. Así que ya ese amor no tiene sentido, ni tiene sonido.

La Iglesia me mintió. Me decía que Dios es amor pero según fui creciendo me di cuenta de que ese amor era condicional. Cuando yo abrí mis ojos al amor y encontré ese amor en otro hombre, la Iglesia me dijo que ya “el amor de Dios” no era para mí. A pesar de que me enseñaron a cantarlo; a pesar de que me enseñaron a buscarlo; a pesar de que me enseñaron a creerlo, ya ese amor no era para mí.

¡Hasta se inventaron un versículo para describir el amor condicional que Dios tiene para quienes somos como yo! “Dios ama al pecador, pero no al pecado” me comenzaron a decir. Yo buscaba y buscaba desesperado en dónde estaba este versículo tan recitado, pero nunca lo encontré. Por el contrario, después de mucho estudio y lectura de la Biblia (soy teólogo y pastor de profesión) me di cuenta que éste era un versículo inventado. ¡Otra vez me mintió la Iglesia!

Tanto me mintió la Iglesia que me dejó sin madre, sin padre y sin hermana. Cuando lo Iglesia decía que somos “la familia de Dios”, no decía que esta familia también era condicional. Nunca me dijo la Iglesia que para pertenecer a esta familia tenía que deshacerme de la persona que Dios me hizo y convertirme en un títere sin alma y sin entrañas; que me tenía que despojar de quien Dios me hizo para convertirme en una marioneta de la institución que puso condiciones al amor de Dios.

Pero he aquí la paradoja: mientras la Iglesia me siga mintiendo yo me seguiré proponiendo desmentirla. Después de haber dejado de un lado la Iglesia y sus mentiras, volví. No solo que volví, sino que me hice más creyente. Creyente de la realidad inescrutable a la que en mi fe llamamos “Dios”. ¡Me hice hasta más bautista! El amor y la pasión que sentí y que sigo sintiendo por todo lo que tiene que ver con la naturaleza de la Divinidad y con la forma en que la Divinidad se manifiesta, me llevó a estudiar teología. Además de esto, me llevó a optar por el ministerio parroquial como mi profesión. Hoy día sigo siendo una persona de fe; una fe transformada a fuerza de fuego, como dice el Apóstol en 1 de Pedro 1.2-9.

La fe que profeso hoy día es una que sigue la inocencia de la fe en el amor de Dios como lo cantaba de niño. A la misma vez, es una fe madura. Es una fe que no es ciega, sino que busca y escudriña las Escrituras porque ellas no son letra muerta e ídolo santo como el fundamentalismo que se ha apoderado de mi tradición religiosa lo quiere presentar. Por el contrario, las Escrituras que leo siguen siendo una “lámpara a mis pies y lumbrera a mi camino.” (Salmo 140.105) Las Escrituras que leo no son un ídolo ante el que me arrodillo y adora, como hacen los fundamentalistas que se han robado mi tradición religiosa. Las Escrituras que leo tienen historia y contexto. Las Escrituras que leo es “viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (Hebreos 4.12) ¡Estas no son palabras muertas para regir las vidas! Contrario a lo que los fundamentalistas que se han querido robar a tradición religiosa, las palabras que encuentro en las Escrituras tienen sentido cuando las veo en su justo contexto. Y esas palabras no son el final; sino el comienzo.

De hecho, después de mucho dolor por haber perdido mi familia, fueron las palabras que aprendí en la Escuela Dominical las que vinieron a mi mente: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá.” (Salmo 27.10) Mi padre, mi madre y mi hermana me dejaron, porque su amor es condicional, como el que predica la Iglesia Cristiana a la que asisten. Pero el amor de Dios, no el que predica la Iglesia, sino el que viene de la Divinidad en todo su esplendor y en todas sus manifestaciones, me recoge, me da la bienvenida, me abraza y me renueva.

También me he acordado de otras lecturas bíblicas. Por ejemplo, la única vez en que Jesús se manifiesta en los evangelios acerca de cuál es su definición de “familia”. El evangelista Lucas (8.19-21) nos cuenta esta corta historia que, una vez más, es la única declaración que hace Jesús sobre lo que él considera “familia”: “Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; pero no podían llegar hasta él por causa de la multitud. Y se le avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte. Él entonces respondiendo, les dijo: ‘Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.’” ¡Una familia se hace! Una familia es aquella que hacen real a Dios en su medio. Una familia, según Jesús, es la que tú escoges.

Esa familia la he ido haciendo a través de los años y las décadas. Ya no tiene padre, madre y hermana; pero tiene una abuela que siempre me ha querido. Tiene tías que me hacen reír y que siempre me abrazan. Tiene primas que me aman y me lo repiten una y otra vez. Tiene primos que, siendo hombres jóvenes heterosexuales en un ambiente machista, se atreven a alzar la voz por los derechos de las personas gay, lesbianas, bisexuales y transexuales. Tiene amistades, de todas las edades, todos los sexos, todas las orientaciones, todas las religiones y de ninguna religión, hasta de diferentes partes del mundo, que siempre han estado allí para mí. Esa familia tiene un compañero al que amo, que me ha dado su amor, su compromiso y su fidelidad y con quien próximamente me casaré legalmente. Quizás algún día mi madre, mi padre y mi hermana decidan regresar a mi familia y dejar atrás el amor condicional de su Iglesia Cristiana para acceder al amor incondicional del Espíritu de Dios del cual nos enseña las Escrituras. Cuando eso pase, estaré aquí con el resto de mi familia para recibirles.

Por ahora, sigo denunciando la mentira de la Iglesia. Al mismo tiempo, sigo proclamando la verdad que he encontrado en las Escrituras… Esta vez, como cuando era niño, canto, canto, canto… Este es mi canto de hoy:

¡El amor de Dios es maravilloso!

            ¡El amor de Dios es maravilloso!

            ¡El amor de Dios es maravilloso!

            ¡Cuán grande es el amor de Dios!

            Tan alto que no puedo ir arriba de él…

            Tan bajo que no puedo ir debajo de él…

            Tan ancho que no puedo ir afuera de él…

            ¡Cuán grande es el amor de Dios! 

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Everyday Hispanic Heritage Project – Prof. Christian J. Roldán Santos

Prof. Christian J. Roldán Santos

Instructor of Mathematics – Black Hawk College

Rock Island, IL

The Quad Cities between Iowa and Illinois is not precisely the place to find many Latin@s, although, as everywhere else in the USA, this is rapidly changing. There is a new influx of Hispanics due to both immigration and second and third generation Hispanics moving up in the economic ladder. However, it is always difficult for those moving to new places to find the resources to adapt to their new environments. This is why we need all the help that we can get from those who are already established and who are willing to extend their hands in solidarity.

Today’s Everyday Hispanic Heritage hero moved to the American heartland over ten years ago to attend the University of Iowa in Iowa City, IA. Christian Roldán Santos graduated with honors with a degree in Mathematics from the University of Puerto Rico in Mayagüez and immediately moved to Iowa City to pursue a graduate degree. Currently, Mr. Roldán is pursuing a PhD in Higher Education at Illinois State University, Normal, Il. He fell in love with the area and decided to make of the Midwest his home.

Mr. Roldán is originally from Juana Diaz, Puerto Rico. As a gay, Puerto Rican, Latino immigrant he has found that his life is always in limbo. He states that he is “too Puerto Rican and Latino for the United States, too American for Puerto Rico, and too gay for either place.” Perhaps this is what has brought him to be deeply involved in working for justice for Latin@ immigrants as well as for the LGBT communities.

There are many fields in which Latin@s are underrepresented, and Mathematics is one of them. However, Christian has a passion for this field and through his actions has shown the upcoming Latin@ generation that it is possible to pursue a career in Math and Sciences. Mr. Roldán is currently a professor of Mathematics at Black Hawk College in Moline, IL. At Black Hawk he is the advisor to two organizations, the Association of Latin-American Students (ALAS) and Phi Theta Kappa; he also serves as the vice-president of the school’s Senate, coordinator for the school’s International Festival, and volunteers during orientation session to help with international students.

Christian is also very involved in his local community. He regularly visits local schools to give talks and presentations on college life, leadership, success, and diversity awareness. More recently, he is schedule to be a presenter at the Latino Youth Summit at Black Hawk in October. Mr. Roldán also volunteers with the newly created LGBT Metro, an organization that supports gay, lesbian, bisexual, and transgender individuals in the Quad Cities area.

Certainly, Hispanics and Latin@s moving to the heartland of the USA will find inspiration and a supporting presence in Christian Roldán Santos. For all that he does for his community in the middle of the Iowa-Illinois border, Christian is today’s Everyday Hispanic Heritage hero!

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Everyday Hispanic Heritage Project – Dr. Ralph (Ed) Myer, MD

Dr. Ralph (Ed) Myer, MD

Sea Mar Community Health Clinic

Seattle, WA

Hispanics are a very diverse people. More than a common language, Hispanics share a common history, culture, and ethos. Countries in Latin America have welcomed immigrants from Europe, Africa, Asia, the Middle East, and Oceania. This is one of the reasons why so many people find it difficult to define who, exactly, is Latin@. This can be the case with today’s “Everyday Hispanic Heritage” hero.

Ed Myer was born in the state of Washington, USA, to Mennonite missionaries, who shortly after his birth moved to Puerto Rico to serve a small, rural community called Castañer. Ed’s parents served as medical missionaries at the Castañer General Hospital, and his siblings were born there. After their time in Puerto Rico, the Myer family moved to Mexico, where Ed grew up enveloped by the rich culture of the country. After finishing high school, Ed moved back to his home in Puerto Rico where he finished his degree in Family Medicine at the University of Puerto Rico – School of Medicine. He then served at the San Juan General Hospital and a residency at the Merced Community Medical Center of the University of California before moving back to Wenatchee, WA where he worked at the local community clinic.

After some time in the USA, Dr. Myer moved to Nicaragua where he served for many years in rural communities during the civil unrest in the country. He has spent most of his professional life serving poor or rural communities throughout Central America, Mexico, and Washington State. Currently, he is on the staff at Sea Mar Community Health Clinic in Seattle.

None of his patients think of Dr. Myer as a “white” or “Anglo” doctor. On the contrary, very few people believe him when he tells them that his family is actually from the United States. Ed is, for all purposes, a Puerto Rican-Mexican-Nicaraguan and a true Hispanic. His roots are in rural Puerto Rico and Mexico, and his heart still lives in the jungles of Nicaragua where he lived and served for so many years. Providing health care to the Hispanic community in the King County area of Washington state comes easy to Dr. Myer, as he understands this as part of his commitment to this own people.

Ed Myer lives a simple life. He is deeply committed to the environment and proudly states that he produces enough house waste to fill only one bag every month. He has spent decades serving and supporting peace organizations. Dr. Myer commitment to social justice has also led him to be a vocal advocate for immigration reform, economic reform, peace building, and many other important issues of social reform. For all the work that Ed does in his local community and all the work he has done with his Puerto Rican, Mexican, and Nicaraguan communities, Dr. Myer is today’s Everyday Hispanic Heritage hero!

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